Año IV
La Habana

19-25 NOVIEMBRE
de
2005

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América Latina-EE.UU.: lo que nos une
lo que no tendría que separarnos
Alfredo Guevara La Habana


Hermanas, hermanos:  

Entre ciclones nos ha tocado este año iniciar el diseño y la organización del 27 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano que anda ya tan cerca. Fernando Ortiz, a quien todavía llamábamos Don Fernando, los universitarios de aquella época, fue un estudioso cubano que dedicó tiempo e investigación a seguir los pasos e influencias del ciclón, del Huracán, en la sociedad y en la naturaleza que su paso trastorna cada año, sembrando el terror y la muerte no pocas veces, pero también semillas de cultura, idiosincrasia, espíritu de autodefensa, semillas-semillas, tradiciones, mitologías y obligando ya, en nuestros tiempos, a desarrollar el conocimiento, las tecnologías que apoyan la investigación, la observación de fenómenos naturales que, cuando entrelazados, se potencian en extremo, vientos, corrientes marinas, temperatura de los mares, etcétera. El Huracán está por ello presente en la mitología y la huella histórica y estética y religiosa y filosófica de las culturas originarias, pre-hispánicas, y continúa marcando, con su presencia, la vida de una muy extensa región de Nuestra América y de la otra. Y, como podrá apreciarse, a su manera incide siempre en nuestros trabajos, proyectos y destino.  

Esa sucesión de huracanes y de riesgos huracánicos, han afectado, retrasado un tanto la organización del Festival al paralizar por semanas y semanas casi ininterrumpidamente los sofisticados instrumentos de comunicación de que hoy nos servimos.  

Esta es la razón, aparente disgresión de nuestro tema, de que, a salvo nuestra sede, pero conscientes de la experiencia vivida, hayamos dedicado el primer mensaje del Festival al Seminario-Taller que estudiará los peligros que a la humanidad amenazan con el proceso de desertificación, la crisis del agua y del agua potable y al fenómeno global de la contaminación, raíz de estas turbadoras situaciones. No podemos permanecer ajenos a problema alguno, a urgencia alguna, que resulte de la necesidad de alertar y contribuir así sea con un gesto y mejor con acciones, a salvar la humanidad, nuestra patria del hombre.  

No debemos mucho menos desaprovechar la ocasión en que los cineastas de toda América Latina, otros de Estados Unidos y Canadá y de Europa y de África y ahora, cada vez más de Asia, se reúnen en el Festival, para abordar un tema que preocupa, que a veces olvidamos o tratamos solo como problema político o dejamos en otras manos: ¿qué nos une? ¿qué nos separa de Estados Unidos? Tema que a todos interesa pero especialmente a nosotros, latinoamericanos cineastas que por oficio, por formación, por esos sueños que nos toca convertir en realidad para la pantalla, sabemos lo que las imágenes y aún una sola imagen puede significar golpeando, acariciando, invadiendo una conciencia, despertándola de indiferencia, sopor o ignorancia, destruyendo en un instante la rutina del pensar o del ser. La tradición de los Seminarios “latinos”, así les llamamos, no será interrumpida, ganará en densidad. 45 ó 46 millones de latinos, de origen mayoritariamente mexicano y puertorriqueño y de cada vez mayor número de países latinoamericanos, son definitivamente nosotros mismos. Ellos a su vez son Estados Unidos, y nos acercan a Estados Unidos,  prefigurando otras realidades que serán o no serán. Y que habrá que pensar. La tragedia de Nueva Orleáns y de los pueblos del Golfo y del Mississipi, enriquecedores de la vida espiritual de la humanidad con su historia, tradiciones, creaciones en la música, la literatura, la poesía, el pensamiento no pueden ser olvidados. Y otra vez la solidaridad nos une a esos hermanos no importa si otros rasgos de la sociedad de que son parte o las dificultades o el rechazo que puedan sufrir los hispanos, los latinos todos, pueda preocupar o llamar al estudio de un proceso de inserción y adaptación, asimilación o no-asimilación o al de su extrema complejidad.  

Este año el Seminario-Taller no dejará, claro, de ser latino, muy latino precisamente porque echará a andar una vez más desde esta voluntad de diálogo y comprensión, de apertura y puente que nos caracteriza a los cineastas de América Latina, los más, más afectados por ese tema-problema-interrogante que pretenderemos llevar a reflexión: “qué nos une, que no tendría que separarnos”. Re-pensar y re-abordar esa inquietud y urgencia no resuelta, no agotada, es ya incitación. América Latina-Estados Unidos, lo que nos une, lo que no tendría que separarnos, debe ser considerado tan solo proposición de debate para profundizar y alargar el alcance de la reflexión hacia el norte y el sur, y hacia lo hondo y la raíz, y hacia el futuro y siempre desde la realidad, la experiencia y la posibilidad.  

¿Seminario-Taller?, así le llamaremos porque tal vez logremos organizarlo como “reflexión en proceso”, sin pretensión de lograr conclusiones; decididos a re-sembrar, re-activar una inquietud que demasiadas prácticas, y su impúdica reiteración, han conducido o reducido al repliegue, como si ya no valiese la pena detenerse a intentar ese diálogo creativo que debe mantener viva y alerta la conciencia aún si aparentemente nada logre.  

No sabría decir si es ese sueño, que ha terminado por parecer inútil, inútil realmente; pero creemos no-inútil que la intelectualidad del audiovisual aproveche el Festival para repensar esta realidad que merece, cuando menos, aproximación tentativa.  

Muy cordialmente,

Alfredo Guevara 

Carta del Presidente del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano a los cineastas de Nuestra América y el Mundo con motivo del Seminario-Taller “América Latina-Estados Unidos: lo que nos une lo que no tendría que separarnos”, La Habana, 15 de noviembre, 2005.

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