Año IV
La Habana
 Semana del 13 al 19
 de AGOSTO
de
2005

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
EL CUENTO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

Que no calle el trovador
Odal Palma La Habana


Cuando con el golpe seco de la lápida quedó sellada para siempre la vida de Noel Nicola, muchos de los presentes en la Necrópolis de Colón el pasado día 8 de agosto,  remontaron su memoria al año 1968 cuando tres infrecuentes jóvenes, guitarra en mano, trataban de conquistar, con canciones de extrañas letras, al reducido grupo asistente a la Casa de las Américas.

Se llamaban asimismo trovadores, pero muy pocas de sus melodías aludían al amor,  la traición o las ilusiones, según la usanza de Miguel Matamoros o  Sindo Garay. Más que cantar, apuntalaban nuestra cubanía con versos encendidos, al tiempo que condenaban la guerra, las injusticias,  la prepotencia yanqui, el hambre de los pueblos, la explotación de los hombres. Algunos funcionarios y no pocos artistas les miraban con ojerizas. Los medios de difusión, particularmente la televisión, no los programaban. Pensaban que aquellos jóvenes, cuyos cabecillas  tenían por nombre Noel Nicola, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, podían constituir una seria amenaza para los valores culturales establecidos en Cuba.

Antes de llegar a la Casa de las Américas, sin embargo, los tres muchachos habían logrado aglutinar algunos seguidores y no necesitaban de escenarios prefijados para expresar sus sentimientos. Frecuentemente se reunían en casa de amigos, en cualquier portal o en  los sitios más impensados, en los que daba lo mismo que hubiera dos o doscientas personas para escucharlos. Lo importante era expresar lo que se llevaba dentro. Requisito indispensable para formar parte de una agrupación musical que se dio en llamar Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, justo por el apoyo brindado por esa institución, particularmente de su presidente, Alfredo Guevara.

Poco tiempo después sería decisivo el sostén de Haydée Santamaría como directora de la Casa de las Américas para fundar el Movimiento de la Nueva Trova, del que Noel Nicola fue fundador y uno de sus principales exponentes.

En el Cementerio, del mismo modo, no pocos tararearon mentalmente algunas de las canciones de Noel Nicola, que llegaron a sumar más de trescientas. Además de escuchar, como  venidos desde lo lejos, sus poemas musicalizados, o los temas que compusiera para el cine, series televisivas y el teatro.

“Así como soy”, fue el título que dio a la melodía en la que hablaba de sí mismo. De su personalidad. De su carácter,  que algunos consideraron un tanto difícil, cuando en realidad fue siempre furibundamente honesto y en extremo exigente consigo mismo. Cuando las cosas había que decirlas,  las dijo, sencillamente, sin envolverlas ni adornarlas. “A Noel, dijo Pablo Milanés en cierta ocasión, lo que hay es que tomarlo o dejarlo. O lo tomas como es, o lo dejas. Pero términos medios con él no pueden usarse.”

Reunidos en la Necrópolis de Colón, algunos familiares y amigos  trajeron igualmente de vuelta a la memoria la humildad, la sencillez y la modestia que siempre caracterizó a Noel, que jamás gustó de homenajes, ni se sintió merecedor de ningún reconocimiento por poco relevante que fuera. Aseguraba no haber hecho nada significativo en su vida, aun cuando en diversas ocasiones su desempeño como cantautor fue objeto de los más sinceros halagos. El propio Comandante en Jefe de nuestra Revolución, mientras le hacía entrega del Diploma al Mérito Artístico durante las celebraciones por el aniversario 35 del Movimiento de la Nueva Trova,  expresó: “hace mucho tiempo que sigo tu trabajo y considero que te mereces mucho este reconocimiento”.

Desde el 8 de agosto, cuando se produjo el golpe seco de la lápida, lamentamos la desaparición, solamente  física, de Noel Nicola. Dos inestimables legados que nos deja le perpetúan para siempre: su música y su alma. Esta última ya no podrá esconderse nunca más porque dejó de pertenecerle  para ser de su más de centenar de amigos, que lo tomamos  tal como él fue desde que ofreció su primer recital en público, en la Casa de las Américas.

SUBIR

 
 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

© La Jiribilla. La Habana. 2005
 IE-800X600