Año IV
La Habana
Semana 7-13 de MAYO
de 2005

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Desde la voz de Noel
Mayra A. Martínez La Habana


El 18 de febrero de 1968, en la Casa de las Américas, con el estímulo de Haydée Santamaría, Silvio, Pablo y Noel dieron su primer recital en público, dando inicio así al Movimiento de la Nueva Trova.


Cuando le pregunté a Noel Nicola, uno de los fundadores del Movimiento de la Nueva Trova Cubana, por qué era más conocido en el extranjero que acá, con su intrínseca mordacidad contestó: "Quizá soy feo para los directores de programas." Luego reconoció que si, al igual que la prensa francesa, otorgáramos el Limón de Oro a las personalidades ácidas con el medio, él lo hubiera ganado. 

Creo que hay algo de exageración en esto último. He visto a miles de espectadores en México o Ecuador colando un estadio deportivo y coreando al unísono con Noel Nicola su antológica “Para una imaginaria María del Carmen” o “Es más, te perdono”. He leído las crónicas y las críticas elogiosas hacia su labor musicalizadora de los poemas de César Vallejo, en la patria del poeta. Lo he escuchado en Café-concerts, teatros, festivales, interpretando innumerables piezas suyas, algunas perdidas en nuestras memorias; otras, ignoradas. 

He conjurado que tal vez muchos sepan más de la trayectoria de este trovador que de la dimensión real de su obra de prolijo autor, con más de cuatrocientas composiciones, abarcadoras de múltiples géneros y sonoridades. 

La mayoría sabe cómo el 18 de febrero de 1968, en la Casa de las Américas, con el estímulo de Haydée Santamaría, Silvio, Pablo y Noel dieron su primer recital en público, dando inicio al Movimiento de la Nueva Trova. Noel, con su sempiterna apariencia adolescente, había crecido entre músicos, sin enterarse demasiado del estudio formal de la guitarra, que solo tomó cuando quiso, para entonar calipsos, boleros, rock o lo del feeling con melodías que recordaban las de Portillo de la Luz. Se adentraría después en el son y la trova tradicional hasta descubrir la música de Brasil y la de Daniel Viglietti y profundizar en la lectura de la poética de Martí, Vallejo, Drumond de Andrade y Paul Eluard. 

Más tarde integraría el grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, y recibiría lecciones de Federico Smith y Leo Brouwer. Con posterioridad, además de escribir mucha música para cine y teatro, al margen de sus canciones, presidió durante seis años —1972-1977— el movimiento de los jóvenes trovadores. En la actualidad escribe un ensayo musicológico e informativo sobre Sindo Garay y compila sus múltiples notas discográficas. 

Todos estos datos resultan familiares a los aficionados del canto nuevo. No así su obra, en la necesaria dimensión. En los últimos años Noel ha grabado varios LD, dos vendidos primero en México y Perú —Lejanías y Noel Nicola canta a César Vallejo—; además de Comienzo el día y Así como soy (este, un disco austero en su instrumental, apoyado en el uso de la guitarra como eje central y que reúne títulos de 1967 a 1971. En esa selección están presentes temas esenciales en su creación: el amor, con sus infinitas connotaciones sociales, el tiempo y su tránsito entre el pasado y el futuro, la actitud introspectiva desde lo inmediato hasta lo que atañe a otros, acechando la vida en sus más recónditos rincones. 

Ahí hallamos esa suerte de declaración de principios: Detrás de una guitarra, un texto con el que puede identificarse un trovador de cualquier tiempo —el de las serenatas del siglo XIX, el de hoy por la mañana o aquel del próximo siglo— que guarde con añoranza una guitarra de madera como objeto precioso y frágil. Desde la voz de Noel los sentimos decir: 

Detrás de esta guitarra
hay un tipo lleno de complejos
un tipo que no escapa a las leyes
de nuestro universo
pegado a la tierra
urgente de besos.
Está la soledad
la compañera fiel
la muerte de papel
juguetes de peluche
alguna que otra herida
chorreándole mujer.
Detrás de esta guitarra
hay un tipo ni bueno ni malo
que cuando llueve
observa con calma 
su patio mojado
pendiente de guerra
sediento de años...


Noel confiesa su eclecticismo en cuanto a las concepciones sonoras. No desdeña posibilidades instrumentales, pero es capaz de escribir ahora una canción con la misma estructura de quince años atrás, si siente el deseo. 

Trata de asimilar para sus grabaciones cualquier innovación tímbrica o rítmica, pero prefiere sonar en la placa como en un concierto en vivo; evita resultar irreconocible para el auditorio por lo que a veces se acompaña de su guitarra, sin un grupo que lo respalde. Disfruta el trabajo con formatos instrumentales pequeños, que aprovechen imaginativamente los recursos electrónicos. 

Busca la sobriedad en las orquestaciones, sin caer en poses ortodoxas de trovador ermitaño. En verdad, su experiencia dentro del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC le permitió comprender que la trova no se circunscribía al uso de la guitarra, aunque esta fuera la compañera idónea para presentarse en cualquier escenario, lo mismo un teatro que una plaza abierta de mediano tamaño —lo que más le satisface—, o un festival, con miles de espectadores. 

Si bien Noel es responsable de los arreglos y la dirección artística de algunos de sus LD, en otros ha cedido esta labor a músicos como Juan Pablo Torres, Frank Domínguez —Comienzo el día; o Lejanía, donde colaboraron Pablo Menéndez, quien junto a su original grupo Mezcla ha realizado notables montajes de composiciones de Noel—, Manuel González, Orlando Sánchez o Carlos Luis. 

En la presentación de Comienzo el día se explica que Noel entrega ahí "canciones a veces en ritmo de conga o de rumba, abunda la sátira mordaz contra el burocratismo, contra los convencionalismos sociales y la hipocresía en las relaciones entre los dos sexos, contra la cursilería..." Por supuesto, lo anterior es tónica común a la obra total del trovador, aunque aparezca ejemplificado de buena forma en esa docena de composiciones. 

En 1986, Noel, junto con Augusto Blanca, inauguró la famosa Bodeguita de Río de Janeiro y realizó después una gira por Perú, con actuaciones en peñas y dos conciertos en el teatro Segura de Lima. Con el apoyo de la municipalidad de esa ciudad, a cuya Casa de los Petisos, especie de centro rehabilitador de niños abandonados a su triste destino, donó el importe de la edición; Noel grabó esta placa con arreglos propios y la participación de siete músicos locales que lo acompañaron con sus guitarras, teclados, percusión y voces. 

Tomado del libro Cubanos en la Música, Letras Cubanas, 1993.

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