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Chávez y el pueblo venezolano
no están solos
 
Chávez ha hecho algo inadmisible: hacer que el pueblo venezolano tome conciencia de su valor y de su dignidad.  Y el imperialismo y sus aliados locales, que en esto nunca se equivocan, son conscientes de ello y están dispuestos a movilizar todos sus recursos, legales y extralegales, pacíficos y violentos, para impedir la culminación del proceso revolucionario en curso en Venezuela.


Atilio Borón| Argentina
 

Venezuela está transitando por una situación muy especial, diríamos que única: es la primera vez que el pueblo venezolano asume un rol protagónico en la construcción de su propia historia. Es la primera vez que conquista su dignidad y que hace realidad una ciudadanía que antes era letra muerta. ­Para hacerlo tuvo que barrer las rémoras de décadas de estéril y corrupto bipartidismo y enfrentar a una poderosísima constelación de intereses —las clases dominantes tradicionales, la iglesia, el sindicalismo amarillo, los grandes monopolios mediáticos, la partidocracia decadente, etcétera— orquestada, financiada y promovida por el gobierno de EE.UU. Pero la derecha no se resigna a perder sus tradicionales privilegios y prerrogativas, y por eso está empeñada en destruir la revolución bolivariana a cualquier precio. Acabar con el presidente Hugo Chávez es la consigna del momento para estos grupos retardatarios, de cualquier manera y sin reparar en costo alguno. Chávez ha hecho algo inadmisible: hacer que el pueblo venezolano tome conciencia de su valor y de su dignidad. Más allá de los debates que puedan suscitar algunas de sus políticas, lo anterior tiene un signo innegablemente revolucionario. Y el imperialismo y sus aliados locales, que en esto nunca se equivocan, son conscientes de ello y están dispuestos a movilizar todos sus recursos, legales y extralegales, pacíficos y violentos, para impedir la culminación del proceso revolucionario en curso en Venezuela. Se trata de un “mal ejemplo” que hay que evitar que cunda, entre otras cosas porque demuestra que cuando un gobierno se apoya en su pueblo las presiones del imperialismo podrán generar muchos problemas pero no alcanzan a doblegar su voluntad emancipadora. Así lo demuestra la heroica resistencia de Cuba a más de cuarenta años de hostigamiento imperialista.

2)

Espero que el referendo termine en una nueva ratificación del liderazgo del presidente Hugo Chávez, tal como ha ocurrido en anteriores oportunidades. Es obvio también que, lamentablemente, Venezuela debe prepararse para el desencadenamiento de una nueva y más brutal ofensiva reaccionaria. Si triunfa el oficialismo, como todo parece indicar que así sucederá, la derecha y el imperialismo no se cruzarán de brazos aceptando resignadamente el veredicto de las urnas, aunque el proceso electoral sea impecable y se encuentre garantizado por un ejército de veedores y observadores internacionales —los mismos que, de haber actuado, hubieran anulado por fraudulentas las elecciones que consagraron como presidente de los EE.UU. a George W. Bush. Ante esta eventualidad no es descabellado pensar que las clases dominantes acelerarán la escalada violenta y sediciosa procurando lograr por la vía de la fuerza lo que fueron incapaces de obtener dentro de los marcos constitucionales. Y si la derecha llegara a triunfar, hipótesis altamente improbable, seguramente daría rienda suelta al revanchismo, aplicando castigos ejemplificadores a quienes osaron desafiar su dominación, sumirían al país en un purificador baño de sangre. Ya lo hicieron en Guatemala, en Chile, en Indonesia y no hay razón alguna para pensar que no intentarán hacerlo en Venezuela.

3)

El sector de los medios de comunicación de masas es una de las ramas más altamente concentrada de las economías capitalistas. En el caso de Venezuela los grupos “multimedia” dominan casi sin contrapeso el escenario informativo, arrojando toda clase de basura pseudoinformativa sobre una población indefensa. Ante esa realidad es imprescindible potenciar las fórmulas alternativas de comunicación, como ofrece hoy la Internet y el correo electrónico, y las que se abren mediante las iniciativas gubernamentales de Venezuela, con vistas a suministrar al pueblo toda la información necesaria para una adecuada comprensión de lo que se está jugando en la coyuntura actual. Lo que ocurre es que, salvo en Cuba, en el resto de América Latina el panorama es en lo esencial semejante a lo que encontramos en Venezuela. Hay, sin embargo, algunos pocos resquicios en la prensa gráfica —pensamos en La Jornada, de México; Página 12, de Argentina; La República, de Uruguay, y unos pocos más— que es importante aprovechar. Otro tanto ocurre con las radios comunitarias, de gran importancia en algunos países. Se trata, en suma, de un frente en donde la batalla contra el neoliberalismo y los monopolios debe librarse en un terreno particularmente desfavorable, pero que de ninguna manera podemos desatender.

4)

El Encuentro en Defensa de la Humanidad, que tendrá lugar en Caracas habrá de desempeñar un papel importantísimo no solo para apoyar a la Revolución bolivariana, sino a todas las luchas populares actualmente en curso en nuestra convulsionada América Latina y, por supuesto, a la Cuba que resiste con heroísmo y dignidad un bloqueo económico cada vez más elevado y desvergonzado. La realización de ese evento podrá demostrar al mundo entero que —parafraseando las consignas populares gritadas en México durante la marcha de los Zapatistas— Chávez y el pueblo venezolano “no están solos”, que los acompaña la solidaridad internacional, que los más importantes pensadores e intelectuales del mundo se harán presente en Caracas para testimoniar su adhesión al proceso de transformaciones que está teniendo lugar en Venezuela y que todos los hombres y mujeres libres del mundo estarán a su lado para defender los irreversibles logros de la Revolución bolivariana.
 

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