La Jiribilla | Nro. 158
Bienvenidos a LA JIRIBILLA

DOSSIER
EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

•  GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
LETRA Y SOLFA
MEMORIAS
APRENDE
PÍO TAI
EL CUENTO
POR EMAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
FILMINUTOS
LA FUENTE VIVA
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
Otros enlaces
Mapa del Sitio


RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

El silencio de los corderos
 
Los charlatanes del imperio no solo callan ante el burdo chantaje político que trata de ponerle precio a la dignidad de toda una nación. También lo hacen ante la publicación de las fotos que reflejan las crueles torturas a las que son sometidos los llamados “combatientes enemigos” en Iraq. Al silencio, tendido hasta ahora alrededor del hecho de que miles de personas hayan sido arrestadas sin proceso judicial alguno, se suma el mutismo respecto al “democrático y humano” trato a que son sometidos los presos iraquíes.


M. H. Lagarde | La Habana

Ante la evidencia de los últimos denuestos de la actual administración norteamericana algunos intelectuales han optado por el más rotundo silencio. Llama la atención que ahora, cuando el gobierno de Bush incrementa su política de agresión a Cuba, esos sempiternos defensores de los derechos humanos anden de vacaciones.

Dónde están ahora los incondicionales voceros oficiales del imperio que durante años han culpado al gobierno cubano de ser el principal obstáculo para lograr la reconciliación familiar entre los cubanos de dentro y fuera de la Isla. Mientras Cuba disminuye las restricciones migratorias y alienta una nueva edición de la Conferencia de la Nación y la Emigración, las nuevas medidas redactadas por la mafia de Miami y aplaudidas por Bush, limitan la frecuencia de los viajes de los cubanos residentes en el exterior de un año a tres. De acuerdo con esos planes, los cubanos que deseen viajar a su patria solo podrán hacerlo si tienen familiares de primera línea, o sea, padres, hijos, hermanos y cónyuges. Los demás lazos familiares o sentimentales poco importan. No puede haber un ápice de humanidad en una administración que ha convertido a la criminal Ley de Ajuste Cubano en una de sus principales armas de agresión contra Cuba.

Dónde están los que afirmaban que el bloqueo era una coartada del gobierno cubano para justificar su inoperancia económica. Dónde, aquellos para quienes la agresión a Cuba era tan solo un mero pretexto para mantener la “represión” en la Isla. La sola existencia de la llamada Comisión de Asistencia para una Cuba Libre deja al desnudo cuáles son las verdaderas intenciones del gobierno de EE.UU. respecto a Cuba.

El carácter provocador de dichas medidas no deja lugar a dudas. Con la mira de crear un conflicto armado entre ambas naciones, un avión C-130 de las fuerzas armadas estadounidenses sobrevolará las fronteras de la Isla presuntamente para hacer factibles las transmisiones de radio y TV Martí.

Como acaba de señalar el embajador de Cuba ante las Naciones Unidas, Orlando Requeijo, cualquier eventual accidente, o incidente fabricado, puede ser manipulado por un presidente tan irresponsable como George W. Bush para crear una crisis y promover una agresión contra la Isla.

No hay que olvidar la explosión del navío Maine en la costa habanera en 1898, el pretexto utilizado por EE.UU. para intervenir en la guerra que libraban los independentistas cubanos contra el colonialismo español.

Con su habitual estupidez, el propio presidente George W. Bush no pudo ser más sincero cuando declaró que dichas medidas estaban: “diseñadas para utilizar fondos a fin de ayudar a las organizaciones para proteger a los disidentes cubanos e impulsar los derechos humanos”.

Otra vez la vieja estrategia “humanitaria” norteamericana, tantas veces implementada en todo el mundo, mediante la cual se pretende abogar a favor de los derechos humanos mientras se estrangula por hambre o se somete a los pueblos a las más despiadadas masacres. El ejemplo más elocuente es, sin duda, el “libertador” genocidio que padecen hoy los civiles iraquíes.

Después de leer el capítulo 1 de dichas medidas, quedará alguna duda de para quién realmente trabajan los “disidentes” cubanos. Qué dirán ahora esos que tanta tinta han gastado afirmando que los supuestos  “periodistas”, nada tienen que ver con el gobierno de EE.UU.

En la implementación de su política fascista contra la Isla, la arrogancia estadounidense ha sido tan cínica que, hasta algunos de los presuntos principales beneficiados con los 36 millones no les ha quedado más remedio que renegar del nuevo proyecto.

Por lo visto —descubierto su papel servil ante la opinión pública mundial por sus propios empleadores— ni los mercenarios al servicio de la Oficina de Intereses de La Habana tienen mucha fe en que el dinero, desembolsado por Bush para sufragar la reedición de su fraude electoral en la Florida, llegue a sus bolsillos.

Pero los charlatanes del imperio no solo callan ante el burdo chantaje político que trata de ponerle precio a la dignidad de toda una nación. También lo hacen ante la publicación de las fotos que reflejan las crueles torturas a las que son sometidos los llamados “combatientes enemigos” en Iraq. Al silencio, tendido hasta ahora alrededor del hecho de que miles de personas hayan sido arrestadas sin proceso judicial alguno, se suma el mutismo respecto al “democrático y humano” trato a que son sometidos los presos iraquíes.

Qué esperan para pronunciarse los Vargas Llosa, los Montaner y demás epígonos que cuentan con todo el espacio en los grandes medios, especialmente cuando se trata de allanar el camino de las bombas inteligentes. ¿La revelación de fotos en las que aparezcan  montañas de huesos o el descubrimiento de las cámaras de gas?

Estos “democráticos y humanitarios” voceros del nuevo orden mundial nada han dicho jamás —evidentemente no les pagan para ello— de los 10 mil prisioneros que EE.UU. mantiene en prisiones secretas en varios países del mundo y que son tratados con los mismos métodos utilizados por la inteligencia norteamericana en la cárcel iraquí de Abu Ghraib.

De qué modo esconderán la vergüenza de su connivencia los países que en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra se negaron a apoyar la resolución de denuncia cubana respecto a la situación ilegal de los prisioneros de la Base Naval de Guantánamo. ¿Justificarán su complicidad argumentando que las fotos hechas públicas por televisoras norteamericanas son otra venganza política de la Isla?

¿Dictará próximamente la Unión Europea fuertes sanciones contra los EE.UU.? ¿Se escribirán cartas de protesta? ¿Premiará la UNESCO al Pentágono por censurar las fotos de los ataúdes y las torturas?
 

......................................................................................................

PÁGINA PRINCIPAL
DOSSIER
 
| el GRAN ZOO  | PUEBLO MOCHO | CARTELERA
POR AUTORES | LIBRO DIGITAL 
Otros Enlaces
| Mapa del Sitio | Correo-Electrónico
Actualizaciones por Correo Electrónico

SUBIR



© La Jiribilla. La Habana. 2004
 IE-800X600