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EL SINIESTRO BEBÉ DEL FANTASMAGÓRICO
OTTO REICH
 
Ahora Otto, que deambula como un fantasma por Washington, siguiendo las pautas de su maestro, ha preparado un mamotreto de 423 páginas en el cual, con increíble desparpajo, Otto decide el destino de la infeliz isla donde nació.


Luis Ortega |
Miami

Otto Reich es cubano. Tal vez lo es por accidente. El apellido nos indica que Otto, antes que cubano, es judío. Uno podría imaginar que sus padres venían huyendo de la Europa nazi y el barco paró en Cuba y, de pronto, nació Otto. Tal vez no fue así, sino de otro modo. Nunca se sabe. Lo curioso es que las gentes que lo conocieron en la Isla cuentan que el día cuando nació Otto estaba tronando y el ambiente estaba lleno de malos augurios. Por lo pronto se sabe que Otto tuvo la desgracia de convertirse en el discípulo predilecto de un senador americano que representaba todo el oprobio del mundo y aprendió de él las mejores fórmulas para convertir el mundo en un lugar inhabitable.

Ahora Otto, que deambula como un fantasma por Washington, siguiendo las pautas de su maestro, ha preparado un mamotreto de 423 páginas en el cual, con increíble desparpajo, Otto decide el destino de la infeliz isla donde nació.

“Esta es ahora la política de Estados Unidos sobre Cuba”, le dijo Otto a un periodista del Herald que lo contemplaba con admiración. Y mientras decía esto acariciaba con amor el mamotreto. “Este es el bebé. ¡He trabajado en él durante tanto tiempo!”.

Otto no oculta su pensamiento. “Desde 1996 andamos diciendo que el Presidente de los Estados Unidos debe decir que la política del país es acabar con la dictadura de Cuba. Y el Presidente lo acaba de hacer”.

Es decir, ya todo está hecho. El Presidente va a acabar con Cuba. Otto se siente feliz. Hace pocos días le ha entregado al presidente Bush el proyecto para liberar a Cuba. Ahora viene a Miami para discutir las cosas con los tres legisladores cubanos. Otto está entusiasmado.

Mala suerte que tiene Cuba. Siempre la ha tenido. La Isla aguantó durante 400 años la insolencia de los españoles. Luego soportó que los americanos la invadieran y hasta ayudó en la empresa. Haciendo de tripas corazón, luego logró quitarse de arriba a los gringos y desde hace más de 45 años disfruta, por primera vez, de una independencia plena. Pero los bichos no se cansan de conspirar para que la Isla vuelva a ser la colonia americana que sueñan Otto y sus amigos.

Fatalidad. Hace más de 50 años, los cubanos le permitieron a Otto nacer en la Isla y al final Otto quiere darle una puñalada al pobre país. Qué horror. Y por la espalda. Y con unos cómplices miserables.

Otto y los tres representantes cubanos (que no se sabe lo que representan) están contentos. Un locutor que se ha hecho millonario dando gritos ante los micrófonos y traficando con el honor de Cuba agarra el micrófono y empieza a dar gritos. “Ahora se jodieron los cubanos de Miami”: dice. Ahora solamente podrán viajar a Cuba cada tres años. “Y vamos a acabar con las remesas familiares”. El pobre locutor está negociando con el presidente Bush para que este dicte un decreto obligando a los cubanos de Miami a sintonizar su emisora todos los días, a las seis de la tarde. Para que oigan sus sermones.

Los miles y miles de cubanos, más de trescientos mil, que durante los últimos años han estado viajando a Cuba todos los años para ver a sus familiares, condenados al hambre y la miseria por Washington, ya tendrán que esperar tres años para ver a sus viejos. Tal vez morirán solos en la Isla por culpa de estas gentes que prohíben los viajes. Ni siquiera se les puede mandar medicinas. Pero las víctimas de esta atrocidad no tienen dónde protestar. Tienen que callarse. Tal vez las víctimas de esta infamia lleguen a ponerse de acuerdo para apoyar a otros cubanos decentes para que aspiren a los cargos en Washington. Tal vez podrían boicotear la emisora desde donde el malvado millonario reclama el honor de haberse convertido en el verdugo de sus pobres compatriotas.

Tomado de: Diario La Prensa

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