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UNA BATALLA QUE BUSH
NUNCA PODRÁ GANAR
 
Es hora de que pongamos a trabajar nuestra indignación. Cuando solo nos quejamos y nos quedamos sentados… estamos tratando con una administración que sencillamente no le importa. Hay una forma de hacerles daño: las urnas.


Álvaro F. Fernández |
Miami

El presidente George W. Bush se enfrenta a una batalla que nunca podrá ganar.  

Me doy cuenta de cosas que damos por sentadas por mis visitas a Cuba. A veces son cosas sencillas.   

En La Habana, en la calle 41 entre las avenidas 34 y 36 vive mi tía. Es una casa grande y vieja.  En esa casa también viven sus hijas, mis dos primas, con sus esposos y cuatro hijos que tienen entre 8 años hasta 20 el mayor, estudiante en el Instituto Superior de Arte, la universidad cubana de las artes donde tantos grandes artistas comenzaron su carrera.

Las propuestas recientemente anunciadas por la Comisión del presidente Bush para Cuba me hicieron recordar cosas de la década pasada, cuando comencé a visitar regularmente la Isla desde que la abandoné siendo muy pequeño, en 1960. Esta semana celebraré mi cumpleaños, alrededor de la misma fecha de cuando regresé allá por primera vez.

Aquella visita cambió mi vida. Nunca he podido explicarlo del todo. Pero también sé que no soy el único que ha experimentado la sensación. Pisar el suelo que es tuyo: una súbita sacudida de energía que le da nuevo sentido a tu vida.

Este sentimiento tiene mucho que ver con el trabajo que hago. Un trabajo que hay que hacer sin importar el costo. No estoy solo. Hay muchos más.

El presidente George W. Bush nunca ganará la batalla de Cuba porque no la comprende.

¿Cómo se derrota a un ideal? Las bombas no pueden hacerlo. Revienten el lugar, conviértanlo en cenizas. El ideal se hace mayor, más importante.

¿Y cómo se explica la familia? Aparentemente, excepto en el caso del dinero y la continuación del poder, Bush no lo comprende. Es más sorprendente aún cuando uno piensa que él se considera un buen cristiano.

Esa es la razón por la cual me indigné y a la vez me eché a reír por las medidas propuestas y anunciadas esta semana. Yo viajo a Cuba como periodista que soy, algo que el embargo permite.  Bajo diferentes condiciones no podría volver a ver a mi tía. Ella no se considera familiar cercano padre, madre, hermano o hermana. Así que este santo cruzado que llamamos nuestro presidente el que asegura que habla con dios se ha dedicado a definir qué es lo que significa una familia cubana. Y en toda su bondad él ha decidido que los verdaderos miembros de una familia, los decididos por él, solo pueden verse cada tres años.

También él, el de las santas conexiones, ha decidido que las remesas que yo pudiera enviar a esa tía anciana de 80 años y a mis primos ya no están permitidas. Creo que les voy a enviar un correo electrónico e informarles que el presidente Bush ha decidido que ya ellos no son una parte importante de “mi” familia.

Está tan equivocado...

Pero este es también el momento en que la mayoría de los cubanos en Miami necesitan despertarse y ver lo que ha sucedido y lo que seguirá sucediendo si no actúan.

Claro que culpo a George W. Hay muchas razones para culparlo; hay cosas sobre su conciencia que son peores que la situación con Cuba. ¿O no han visto ustedes últimamente las noticias de Iraq?

Lo que más me irrita es que las medidas anunciadas son el resultado de un fuerte cabildeo realizado por personas nacidas en Cuba. La mayor parte si no todos quiere que se apliquen estas medidas porque de alguna manera representarán dinero en sus bolsillos. ¡Sí! Buenos dólares norteamericanos.

No importa de qué país provengan, son unos vendidos. Consideren el avión que quieren que vuele por el Caribe que ayudará a transmitir Radio y TV Martí hacia la Isla. Es una estafa de $18 millones de dólares al año que no servirá. Todo para una transmisión radial que nadie escucha y una recepción de TV que nunca nadie ha visto.

Pregúntense a cuáles bolsillos van a parar esos millones.

Esos patriotas cubanos tampoco sienten mucho amor por Miami. Primero, ayudaron a convertirla en la ciudad más pobre del país al instituir un sistema de corrupción ¿o cómo se va a llamar si no? Ahora en vez de dedicar los dólares de los contribuyentes a la gente que los necesitan aquí los desvían para proyectos fantasmas.

¡Debieran avergonzarse!

Visite la Calle Ocho de Miami cualquier día o cualquier noche y encontrará restaurantes llenos de gente que se embuten con exquisiteces, las que nos hacen un área (y país) con una cintura en expansión. Luego regresamos a casa y sintonizamos el noticiero tarde en la noche mientras disfrutamos de un plato de helado. Antes de acostarnos nos tentaremos con una miradita intoxicante a una variedad de tantas cosas que encontramos en nuestro repleto y nuevo refrigerador que filtra el agua mientras la sirve sin tener que abrir la puerta.

Estas son muchas de las personas que quieren que 11 millones de cubanos pasen hambre mientras ellos continúan con sus banquetes diarios. Al apoyar las propuestas de la Comisión para Cuba, están diciendo: “¡Oigan! Necesitamos que los que están allá se aprieten el cinto mientras que nosotros nos zafamos el nuestro. Pero no se preocupen, es en bien de ‘nuestro’ país”.

Es hora de que pongamos a trabajar nuestra indignación. Cuando solo nos quejamos y nos quedamos sentados… estamos tratando con una administración que sencillamente no le importa.  Hay una forma de hacerles daño: las urnas.

Sin embargo, aún estamos apáticos. Supongo que toda esa comida y el lujo nos han vuelto perezosos. “Que se preocupen otros” es un sentimiento que lo invade todo.

Cada vez que voy a Cuba mi anciana tía de 80 años, delgada como un hilo, de quien Bush dice que no es un miembro inmediato de mi familia, recorre medio barrio buscando mamey, una fruta tropical de la Isla. Ella sabe que me encanta el batido de mamey con leche.

Ya ven, en Cuba son las pequeñas cosas las que cuentan. Por eso sigo trabajando en arreglar lo que está mal.

Yo sé que estoy haciendo mi parte. ¿Y ustedes?

Si aún no han hecho algo, entonces es hora de que se inscriban para votar. La elección más importante de nuestras vidas está a la vuelta de la esquina.

Tomado de: Progreso Semanal

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