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NUEVA POLÍTICA HACIA CUBA:
ARROGANTE, INSENSIBLE Y
HACE CASO OMISO DE LOS DERECHOS
 
Es difícil decir cuál de los aspectos de la nueva política es más ofensivo —su crueldad, su condescendencia, su estupidez o su oportunismo político. Si la crueldad es el sello distintivo de las medidas que limitan los viajes y las remesas, la arrogancia y la estupidez caracterizan el intento por financiar a la oposición en Cuba.

Max Castro | Miami

Aturdido por el amplio rechazo a causa de las revelaciones acerca de la degradación de prisioneros por parte de norteamericanos en la prisión de Abu Ghraib en Iraq, el presidente Bush encontró tiempo la semana pasada para dedicarse a una de las obsesiones menores de esta administración: Cuba.

El empuje principal de la estrategia de control de daños de la administración es presentar el sádico tratamiento de los detenidos iraquíes como una aberración, acciones aisladas realizadas por personal de baja graduación, sin conocimiento o consentimiento de sus superiores. Ese argumento debe hacerse cada vez menos creíble a medida que nuevas fotos y otras informaciones salgan a la luz para mostrarse el alcance y magnitud del abuso. Y lejos de ser una aberración, los hechos en la prisión de Abu Ghraib son el resultado de una mezcla de fariseísmo, arrogancia, desprecio por los derechos de otras e insensibilidad que han caracterizado el enfoque de esta administración de los asuntos nacionales e internacionales.

La misma mezcla se evidenció el 6 de mayo cuando se anunció la nueva política de Bush para Cuba, producto del informe de la “Comisión (presidencial) para la Ayuda a una Cuba Libre”. Las nuevas medidas incluyen una reducción en la frecuencia de las visitas familiares permitidas, en vez de una cada 12 meses a una cada tres años; prohibición de enviar remesas a no ser a cónyuges, padres, hijos y hermanos; una gran infusión de más dinero para apoyar a la oposición dentro de Cuba; y dinero para la compra y operación de un avión que se usará para transmitir Radio y TV Martí, con la esperanza de evitar la interferencia.

Es difícil decir cuál de los aspectos de la nueva política es más ofensivo su crueldad, su condescendencia, su estupidez o su oportunismo político.

Las transmisiones a Cuba desde un avión es el componente más risible de la nueva iniciativa que recuerdan algunos de los estúpidos planes de la CIA en los años 60 para matar a Fidel Castro.  Probablemente demuestre ser otro ineficaz y caro ítem que se agregue a las trivialidades de la propaganda hacia Cuba, la cual malgasta millones de dólares de los contribuyentes y solo tiene  una minúscula audiencia en la Isla porque la mayoría de los programas están distantes de la realidad cubana.

Mucho más serias son las devastadoras consecuencias que sentirán decenas de miles de familias cubanas. La separación familiar es una de las consecuencias más tremendamente dolorosas de la emigración. A fin de ver a los seres queridos, los inmigrantes indocumentados gastan sumas enormes, arriesgan no poder regresar jamás e incluso se arriesgan a morir en el cruce de regreso. La separación prolongada produce incontables traumas familiares y psicológicos. La política anterior que limitaba las visitas a Cuba a una por año ya era bastante cruel; la nueva regulación que las disminuye a una cada tres años es exorbitante. Prohibir las remesas a tíos, primos y abuelos es también una intervención sin sentido en las relaciones familiares y lo único que logrará es incrementar las dificultades.

Los extremistas cubano-americanos que han presionado a la administración Bush para que implemente esas y políticas aún más draconianas comparten plenamente la responsabilidad por provocar gratuitamente el sufrimiento a decenas de miles de familias cubanas.

Estos exiliados duros, pocos de los cuales tienen familiares cercanos en Cuba, tienen un alto umbral de dolor es decir, del dolor de sus compatriotas cubanos que están separados de sus familias por el Estrecho de la Florida.

No hay nada más repugnante que el espectáculo de los extremistas cubano-americanos que se regodean por su éxito al utilizar al gobierno de EEUU para infligir graves daños a sus compatriotas cubanos, negándoles el derecho a visitar a sus familiares o ayudar a aquellos con quienes tienen lazos de afecto que a menudo trascienden los estrictos lazos de sangre. Es una demostración de hasta dónde están dispuestos a llegar estos fanáticos, y cuánto daño colateral están dispuestos a infligir en su venganza contra Fidel Castro. Es también evidencia de hasta dónde la administración Bush está dispuesta a complacer a los elementos más extremistas de la comunidad cubano-americana.

Si la crueldad es el sello distintivo de las medidas que limitan los viajes y las remesas, la arrogancia y la estupidez caracterizan el intento por financiar a la oposición en Cuba. Esta es una política tan equivocada que una Némesis del gobierno cubano como Andrés Oppenheimer, de The Miami Herald, la atacó por contraproducente. Eso es porque, más allá del insulto a la soberanía implícito en todo el trabajo de la comisión y específicamente en esta medida, financiar a la oposición probablemente destruya cualquier legitimidad que pudiera tener. En un momento en el que la credibilidad de EE.UU. en el mundo se encuentra a un nivel abismal y sus políticas son rechazadas casi universalmente, no es de extrañar que figuras de la oposición en Cuba que cuentan con apoyo internacional hayan dicho a Oppenheimer que las nuevas medidas entorpecerán su trabajo. Otro halcón contra Cuba, el representante demócrata Bob Menéndez, de Nueva Jersey, también denunció la iniciativa cubana de Bush, pero por una razón diferente: su transparente naturaleza política.

Tales críticas, aunque asordinadas y superficiales, contrastan no solo con la exaltada reacción de extremistas como Ninoska Pérez Castellón, sino con el apoyo de la página editorial de The Miami Herald  y de cubano-americanos que se quieren presentar como moderados.

Joe García, director ejecutivo de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA), apoyó la iniciativa de Bush. Carlos Saladrigas, del Grupo de Estudio de Cuba, que se presenta a él y a su grupo como los verdaderos moderados cubano-americanos, calificaron las medidas de “una de cal y otra de arena”. Ninguno de los líderes del establishment cubano-americano levantó su voz para denunciar las nuevas políticas o defender los derechos de miles de familias cubanas separadas. Y en un editorial del domingo, The Miami Herald dio la bienvenida al informe de la comisión calificándolo de “herramienta útil para preparar la transición a la libertad”.

Larry Wilkerson, jefe de personal del Secretario de Estado Colin Powell, llamó recientemente al enfoque de EE.UU. acerca de Cuba “la política más estúpida sobre la faz de la Tierra”. Muchos en este país comparten esa opinión. En esta ciudad una mayoría de anglos, negros y latinos, así como una sustancial y creciente minoría de cubano-americanos, se oponen a la actual política.  Pero en Miami, los que están fundamentalmente en desacuerdo con el enfoque de EE.UU. hacia Cuba y pudieran brindar una opinión alternativa han sido sistemática y progresivamente excluidos de los medios principales. Se permiten desacuerdos ocasionales y tácticos; una crítica fundamental, de principios y consistente se cataloga como “predecible” y no se permite. Por tanto, en el tema de Cuba existe en Miami una mayoría silenciada cuyas opiniones no son representadas con justicia ni consistentemente en los principales vehículos de debate público.

Sin embargo, la reacción de Miami a la iniciativa de política de Bush ha sido útil en el sentido de que ha revelado hasta dónde los grupos de exiliados en activo y los que se autodenominan moderados, como la FNCA, son monolíticos en las cuestiones más esenciales, tales como la legitimidad de EE.UU. como actor principal del cambio político en Cuba y el uso del garrote económico como un arma, independientemente de las consecuencias humanas. También ha desnudado a los más nuevos y autocalificados de moderados, a saber el Grupo de Estudio de Cuba, como incapaz o indispuesto a levantar su voz para oponerse o montar cualquier tipo de resistencia al menos a las propuestas más extremas. Además, la reacción ha mostrado hasta dónde el liderazgo cubano-americano de Miami olvida o desprecia las necesidades y deseos del vasto sector de sus compatriotas que han llegado durante las últimas dos décadas y tienen familiares cercanos en la Isla. Y ha erigido otro hito en la constante marcha editorial de The Miami Herald en el camino hacia una posición de línea aún más dura con respecto a Cuba.

Las trágicas consecuencias de la política de cambio de régimen en Iraq, ayudada e inspirada por exiliados que promovieron sus propios intereses, no ha sido un accidente. Son producto de una fallida concepción mesiánica, maniquea y hegemónica del papel de EE.UU. en el mundo que lleva a la deshumanización de aquellos que “no están con nosotros”. Los terribles resultados que surgirán de las nuevas políticas de Bush hacia Cuba, especialmente el aumento del sufrimiento del pueblo cubano, tampoco serán accidentales. Serán un producto del mismo concepto y las mismas alianzas.

Tomado de: Progreso Semanal

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