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Ser tú y punto
 
Con este concierto Sosa demostró también que como solista está en su mejor momento y que luego de disolverse el Dúo Postrova hace dos años y del lógico impacto que eso causó en su carrera, ha logrado encontrar su propio camino. Y una vez más se cumple el refrán: "No hay mal que por bien no venga". 


Estrella Díaz | La Habana

Fotos: Alain Gutiérrez
 

"Soy un retoño del monte y salí a buscar mi oportunidad…": con esta primera y clara declaración cantada comenzó el concierto A guitarra limpia titulado Pasado los treinta que el sábado 24 ofreció el trovador Eduardo Sosa (Santiago de Cuba, 1972), sin duda, una de las voces más maduras dentro de su generación.

No exagero al afirmar que Pasado los treinta, por la belleza de su sencillez, por la calidez, soltura, gracia y cercanía de Sosa, se cuenta entre los conciertos más hermosos que se han realizado en el patio de Muralla 63 y no hay que olvidar que ya sobrepasan la respetable cifra de cincuenta. 

El trovador —cuya capacidad vocal le permite rajar la voz y hacer falsetes— demostró que puede saltar con gran decoro del son tradicional a la balada con influencias del pop. Otro tanto que se anota: su clara dicción permite que los textos sean entendidos en su totalidad, aspecto que, lamentablemente, no se da en todos los trovadores.

El concierto incluyó 16 temas, todos de su autoría, y también algunos estrenos como “Pasado los treinta”, preciosa canción con la que el trovador planta una suerte de bandera de principios cuando en una de sus estrofas dice: Voy respirando la impaciencia de lo que vendrá/ planeando hallarte en cada tregua del camino/ izando velas aunque corra algún mal viento/ Para quedarme aquí en mi nido/ pasado los treinta creo en la diferencia/ y solo en el amor me fío.

Otros de los temas estrenados fue "Breve canción de marzo" en el que le pone a la nostalgia un acento especial, "Retoño del monte" y "Tan llena de tristeza", texto, este último, que compuso luego del fallecimiento de su mamá hace unos cuatro años y que —según dijo— "nunca había cantado en público". "Contramaestre", "Tú que esperas", "Dormida sobre el piano", "Se están amando", "Más que hoy", "Claudia vendrá", "Era miel", "Spinetta me regaló un gato", "Intento de bolero", "No saques cuenta", "Yo te encontré" y "María" completan la lista.

Otro aspecto que, según creo, le dio brillo a Pasado los treinta fue invitar a Raúl Verdecia (instrumentista de la orquesta que lidera Isaac Delgado), quien todo el tiempo se mantuvo en el escenario. No hay dudas de que Verdecia, que algunas veces hizo de "segunda voz", es un virtuoso de las cuerdas y sus guitarras (eléctrica y acústica) acompañaron a la de Sosa  en una perfecta simbiosis. Otro santiaguero que no canta, pero que pinta y graba, Eduardo Roca Salazar (Choco) también estuvo en el escenario. Y es que dos de sus colagrafías ("Mujer con piña" y "Bemba colorá") acompañaron al trovador en ese empeño y vocación que tiene el Centro Pablo de unir distintas manifestaciones en un mismo espacio artístico.

Felicitaciones merecen Jaime Canfux y Juan Demósthene, ambos encargados del sonido, que estuvo de primera línea así como el nutridísimo y respetuoso público que premió a Sosa con largos aplausos y que obligó al trovador a cantar tres canciones que no estaban en el programa original.

Con este concierto Sosa demostró también que como solista está en su mejor momento y que luego de disolverse el Dúo Postrova hace dos años y del lógico impacto que eso causó en su carrera, ha logrado encontrar su propio camino. Y una vez más se cumple el refrán: "No hay mal que por bien no venga". 

Instantes después de concluido el concierto y ya pasado el "susto", conversé brevemente con Sosa.

"Estoy muy contento. Soy de los que vienen a casi todos los conciertos que organiza el Centro Pablo y sé del ímpetu de todos los que trabajan aquí. Hoy ha sido genial al igual que los días anteriores de preparación del concierto. Estoy muy contento de cómo quedó todo, de la reacción del público y de la cantidad de gente que vino. Soy feliz".

Muchos estrenos en este concierto…

Sí, estrené muchas canciones, todas compuestas por mí y otras que se han escuchado poco. En algunas de ellas me ha ayudado Rogelio Ramos, que es con quien siempre trabajo. Todos los temas nuevos son míos: letras, músicas, arreglos… un trabajo bien pensado, incluso dos canciones concebidas especialmente en función del concierto. Hace muy poco, el pasado día dos, hice un concierto en la Sala Caturla del Teatro Auditorium Amadeo Roldán. Fue con canciones de otros y antes había hecho No tan solo en el teatro del Museo de Bellas Artes donde me acompañé de otros amigos. Hoy fue todo repertorio mío y creo que no hay mejor lugar en La Habana y tal vez en toda Cuba para plantar bandera y decir: ¡como trovador estoy aquí, me estoy exigiendo un lugar, cuenten conmigo! Por eso preparé este concierto en función de eso; canciones que narran de dónde vengo, lo que he hecho, lo que soy. Estoy convencido de que continuaré haciendo música y luchando por la trova.   

¿Por qué elegiste para acompañarte otra guitarra y no a otro trovador?

Primero, quería respetar el nombre y el objetivo del espacio A guitarra limpia; segundo apoyé un poco más la sonoridad de mi instrumento con otro similar, con el propósito de darle mayor colorido al sonido que recibe la gente.

Un concierto no es solo un espectáculo que se ve, si no que se escucha y quise darle un poco de redondez y acabado. En otros momentos me he hecho acompañar de otros instrumentos, incluso de bandas enteras, pero considero que este espacio está concebido para cantar con tu guitarra, estrenar tus canciones. No invité a otros trovadores por ninguna razón específica sino, sencillamente, quería cantar sin más vueltas, sin más cosas y siempre creí que invitar a alguien, por muy amigos que fueran, me iba a sacar un poco del espíritu que quería darle al concierto que era sentarme ahí y que la gente o se aburriera o disfrutara con mis canciones. Hacer en el Centro Pablo un A guitarra limpia es también un examen porque el público que viene aquí es exigente. Quería probarme a mí mismo y verificar si era capaz de venir aquí, sentarme allá arriba, con las obras de Choco detrás, a cantar un manojo de canciones algunas conocidas y la mayoría nuevecitas y que la gente gozara hasta el final.

¿Te sientes más cómodo cantando tus propios temas?

A mí me gusta mucho cantar, lo que sucede es que ya tengo metido dentro el bicho de cantar mis cosas. Me siento cómodo cantando lo mismo mis canciones que las de otros, pero sí, por ego, o porque uno tiene el conocimiento de cada sílaba que lleva cada canción, prefiero cantar lo mío. No obstante, hice un concierto con temas de otras gentes y voy a repetir en algún momento esa experiencia porque me gustó y la pasé muy bien. Soy un músico al que le gusta la trova, que la defiende, pero no tengo miedo de enfrentarme a ningún tipo de música.

¿Cuáles son tus trucos para literalmente meterte al público en el bolsillo?

No tengo explicación para eso. Fui profesor y serlo me enseñó a establecer lo que llaman comunicación. Estar parado frente a un aula, ante un montón de niños que, además, a muchos no les interesaba la asignatura que impartía —Educación musical— y había que lograr que esos muchachos sintieran interés por lo que les estaba diciendo, que entendieran, que se motivaran y eso me ha ayudado mucho.

Lo otro es inexplicable. Es pararse en el escenario y ser como tú eres. Si adoptas una pose, no lo vas a lograr. Me digo a mí mismo: soy Eduardo Sosa, el mismo guajirito del Segundo Frente y toda esta gente que está aquí es buena y vino a oírme. Eso me lo meto en la cabeza, lo desarrollo y me funciona. La fórmula es atreverse a parase ahí y conversar con el público, ser tú y punto.
 

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