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El cuento de La Jiribilla

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Samuel Feijóo

Hace muchos, muchos, muchos y muchos años más, que una bella joven soñó que tendría un hijo que no conocería la muerte.

Así se lo contó al joven con quien se casó poco tiempo después de su sueño.

Y tuvo diez hijos. Y contó el sueño a cada uno de sus diez hijos, pues el sueño la visitó diez veces.

Y cada hijo tuvo un oficio distinto y cada hijo creyó ser el inmortal.

Aquel hijo que era un jinete incansable salió a ver al Dios del Rayo, al desierto, para conocer el secreto que lo haría inmortal y regresó hecho polvo sobre su caballo.

El hijo pescador se lanzó mar adentro, buscando al Dios del Mar y meses después un gran pez de escamas verdes lo vomitó en una playa.

El hijo herrero pereció en un horno ardiente. El hijo músico fue devorado por un oso en la soledad de una montaña.

El hijo comerciante se internó en el país de los árboles de olor y un anochecer un pájaro extraño depositó en el techo de una casa de paja el anillo con que sellaba sus mercancías. El hijo soldado murió en un desfiladero aplastado por una roca que unos hombres peludos y pequeños le lanzaron.

El hijo labrador entró en una gruta y fue engu­llido por una gran serpiente que defecó las hebillas de sus sandalias en el huerto de su casa. El hijo brujo fue consumido por una fiebre de cuarenta días. El hijo cazador se enfrentó al león que jamás dormía y no tuvo tiempo de insertar su flecha en el arco. El hijo cantor pereció demente al escu­char la melodía de un pájaro muy hábil.

La madre, ya muy anciana, dijo a su viejo esposo:

—Ya tenemos los cabellos blancos, y mi sueño, que diez veces me visitó, fue sólo un engaño.

El anciano nada dijo, y se fue a buscar una de sus nietas para que cuidara de su vejez.

Y cuando la fatigada madre triste comenzó a mo­rir, una noche larga la joven nieta le dijo al oído, con suave voz:

—Abuela, anoche tuve un sueño raro, un hombre de polvo montado en un caballo me visitó y me dijo: «Vas a tener un hijo que no conocerá la muerte.»

Septiembre, 1973

Tomado de Cuentacuentos, Premio UNEAC 1975.

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