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JUSTICIA DE CORAL
 
Con el reparto de premios más incuestionable que se recuerda desde hace años, acaba de concluir, a golpes de grandes obras y salas repletas, la XXV edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano que, nunca como esta vez, hizo justicia a sus tradicionales apelativos de Internacional, Nuevo y Latinoamericano.


Joel del Río | La Habana


No voy a prolongar la entrega del noticiazo intentando posponer con retórica más o menos hueca el inmenso placer que nos ha ocasionado este Festival: Cuba ha vuelto a ganar el premio Coral máximo. Desde 1998, con La vida es silbar, no ascendía un cubano al podio máximo de este evento, en la categoría de ficción, y se trata precisamente del mismo autor, Fernando Pérez, consignado en todos los foros culturales de la Isla como el cineasta más importante de la última década. Además del premio mayor, el documental ficcionado Suite Habana acaparó los galardones en las categorías de mejor cartel, mejor filme según la Federación Internacional de la Crítica Cinematográfica, mejor banda sonora, mejor música y mejor dirección.
 

Suite Habana

El filme de Fernando Pérez es laureado en La Habana pocos días después de darse a conocer que el premio Goya, entregado todos los años por la Academia de cine de España, la postuló en dos categorías: Mejor documental y Mejor producción iberoamericana, en una fila de reconocimientos nacionales e internacionales que seguramente se hará mucho más larga. Debemos añadir la extensa relación de premios colaterales que ya había obtenido Suite Habana, en este mismo festival, pocas horas antes de que se dieran a conocer los galardones del jurado oficial. Entre otros estaban los de la Unión de Periodistas de Cuba, el de la Unión de Artistas y Escritores y el de la Federación Internacional de Cineclubes. Y cuando, al principio de este artículo, hablaba de entrega justa de premios no me refería solamente a una vaga apreciación personal, teñida quizás de chauvinismo, sino a la tremenda cascada de aplausos y exclamaciones de aprobación de todos los presentes cada vez que se anuncia alguna recompensa para la película de Fernando, reconocida desde su mismo estreno, en marzo de este año, como una de las más contundentes obras salidas del cine cubano más reciente.

Otra película mucho y muy bien recibida por el jurado, la prensa y el público fue la brasileña Carandiru, del cosmopolita y multiconsagrado Héctor Babenco, autor de Pixote, El beso de la mujer araña o Ironweed. Su filme fue distinguido por Signis (antes Oficina Católica Internacional) además de recibir el prestigioso Premio Especial del Jurado. La cinematografía del gigante sudamericano barrió en varios otros apartados. Por ejemplo, el de mejor fotografía (Walter Carvalho, por Amarillo mango), el de mejor actor (para Lázaro Ramos por El hombre que copiaba), la dirección de arte (para El hombre del año) y la mejor ópera prima (Amarillo mango), a los cuales se añade, en el renglón de los documentales, el sitial de honor (Ómnibus 174) y una mención especial (Edificio Máster).

Kamchatka

Argentinos y chilenos ocuparon los demás espacios de reconocimiento, según el dictamen del jurado oficial. La excelentemente narrada Kamchatka, de Marcelo Piñeyro, se hizo, por supuesto, del premio al mejor guión y del tercer Coral; en cuanto a la edición fue destacada la también argentina Hoy y mañana, mientras el documental Yo no sé qué me han hecho tus ojos fue laureado con el tercer Coral en su categoría. El tremendo auge del cine chileno fue corroborado a través de B-Happy, firmada por Gonzalo Justiniano, que ascendió hasta el premio a la mejor actuación femenina (Manuela Martelli) y el segundo premio Coral.

México ―escasamente representado este año por la tremenda crisis de producción que ha provocado el ajuste neoliberal en la cinematografía de ese país— alcanzó a ser reconocido con el segundo Coral en el apartado documental por Tlatelolco, las claves de la masacre. De todos modos, el filme de ficción Nicotina figuró entre los más populares del Festival.

Eliseo Subiela

Aparte de los galardones, ahorita mencionaba los grandes placeres propiciados por este telúrico evento. Los múltiples premios para Cuba no son el único motivo de satisfacción. Entre nosotros estuvieron algunos de los más importantes directores del área (Eliseo Subiela, Francisco Lombardi, Román Chalbaud, Felipe Cazals, Gonzalo Justiniano, Fernando Birri...) y de bastante más allá. Constantin Costa-Gavras, a quien se le dedicó una retrospectiva homenaje, estuvo aquí confirmando su afecto por nuestro país, donde según expresó más de una vez, siempre ha predominado, desde la fundación del ICAIC, la voluntad estatal de dotar a la cultura nacional de un cine, una voluntad que mucho respeta el autor de Estado de sitio, Missing y Amén. Además de cineastas, productores, intérpretes (se entremezclaban los rostros de Guillermo Francella, Benicio del Toro y de otros varios), estuvieron las películas, testimonio de la vida y las esperanzas, manifestación acabada de la vitalidad cultural de nuestros países.

Guillermo Francella

Y claro, tampoco faltaron algunos de los mejores títulos producidos en el mundo en fecha muy reciente, buena parte de las obras convertidas en indicio de que el séptimo arte es mucho más que espectáculo evasivo y adormecedor. La francesa Su hermano, la canadiense Invasiones bárbaras, la alemana Good Bye Lenin, la italiana Buenos días noche, las británicas Todo o nada y Dulces dieciséis, la danesa Dogville, la sueca Lilja 4 ever, la norteamericana Intimidades, entre muchas, muchas otras, fueron motivo de una atención tan multitudinaria como tal vez, casi seguro, han disfrutado en muy pocos lugares fuera de sus propios países.

Dogville

Todo ello nos lleva al convencimiento de que, veinticinco años después de iniciada esta empresa, todavía se mantienen en plena vigencia aquellas palabras de Alfredo Guevara, director del festival, cuando refiriéndose al Nuevo Cine Latinoamericano aseguraba que «nuestra vocación es el reto; retar, retarnos, acercar la respuesta; y no aceptar como definitiva la primera y ni siquiera la que para entonces, para un entonces, pueda parecer la última».

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