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ELISEO SUBIELA
HOMBRE MIRANDO A SÍ MISMO
 

El cine que acostumbra a realizar es calificado de provocador, metafísico y críptico por unos; y de mágico, poético e intenso, por otros. «Soy optimista. Ojalá en diciembre del año que viene estemos estrenando aquí. Una de las razones por la que filmo es para poder presentar en Cuba».


Jorge Sariol | La Habana

 


Eliseo Subiela ha vuelto a La Habana después de varios años de ausencia. No trajo filme a concurso y todos siempre esperan que lo haga.

El cine que acostumbra a realizar es calificado de provocador, metafísico y críptico  por unos; y de mágico, poético e intenso, por otros.

Pero el cineasta argentino  —nacido en Buenos Aires el 27 de diciembre de 1944— se muestra con equilibrio entre la razón y la emoción, y con los pies en la tierra, sabe cómo encantar al público, lo mismo a orillas del río La Plata, que en medio del Caribe.

Ahora en Cuba, en la fiesta del cine latinoamericano parece reafirmarlo.

Desde su primer trabajo Un largo silencio (1963), un corto realizado a los 19 años y con el que logró el Gran Premio al mejor cortometraje en el III Festival Internacional de Viña del Mar, hasta Las aventuras de Dios, en el 2002, se ha encargado de dar continuamente el examen, Cum laude.

Y así ha sido con todas sus películas: Sobre todo estas estrellas (1965),  La conquista del paraíso (1980), Hombre mirando al sudeste (1986), Últimas imágenes del naufragio (1989), El lado oscuro del corazón (1992), No te mueras sin decirme a dónde vas (1995), Despabílate amor (1996) o Pequeños milagros (1997).
En la Argentina, una nación donde hace poco se graduaron más de 400 jóvenes como directores de cine, la cinematografía quiere avanzar. Por lo pronto, entre porteños y cariocas se acaba de preparar un convenio para fortalecer el cine argentino y brasileño.

Pero,  ¿Más vale tarde?

Subiela  ha reconocido con alegre franqueza que su carrera le debe mucho al éxito de Hombre mirando al sudeste en un festival de La Habana. Su opinión vale mucho para cualquier duda.

En esta vigesimoquinta, se concretaron negociaciones de integración entre  Argentina y Brasil. ¿No le hace pensar que las 24 ediciones anteriores no sirvieron de mucho para la unidad del cine en el área?

No. Me parece que es el reflejo de los avatares políticos que ha habido en nuestros países: las cosas se dan en el momento en que se pueden dar, cuando hay madurez política, cuando las circunstancias internacionales se facilitan.

En estos momentos hay  buenas circunstancias, en el cono sur básicamente, con  Argentina y Brasil.

Me parece bien hablar de mercados en términos de zapatos o de automóviles, y hablar ahora en términos de la cultura.

Es un gran adelanto, porque hace rato que la gente de la cultura venimos reclamando que los gobiernos incluyan el tema del cine en los temas de las negociaciones.

El gran mérito de los festivales de La Habana es de  lograr juntarnos, llenarnos de inquietudes, de ideas. De otro modo los latinoamericanos nos juntaríamos en Montreal o San Sebastián.

Este es el gran lugar de encuentro. La Habana lo ha sido en 25 años. 

¿Qué diferencia hay entre el Eliseo Subiela de Hombre mirando al sudeste al que llega ahora a La Habana?

Hay casi 20 años de diferencia  ríe pensativo. Durante ese tiempo he vivido, filmado. Soy el mismo y distinto.

El distinto aprendió muchas cosas, creció, ha perdido omnipotencia... afortunadamente he vivido bastante e intensamente, y he trabajado mucho menos de lo que me hubiera gustado, pero he aprendido. 

¿Ha hecho todo lo que ha querido, o solo lo que ha podido?

No, solo lo que he podido. Pero está bien así, porque es  muy difícil hacer cine en América Latina, y en Argentina hemos pasado momentos muy difíciles. Pero no me puedo quejar, soy un privilegiado. Sigo con las ganas intactas, nunca dejé de filmar y recibo el reconocimiento del público, que me muestra cariño y con el cual tengo una intensa relación amorosa, por ejemplo con Cuba.  

¿Filmaría hoy una película como Hombre mirando al sudeste?

No solo no la haría igual, sino que no la haría hoy. Eso recién lo hicieron los yanquis, que la acaban de copiar. Ha sido un robo, un plagio enorme, y estamos con acciones judiciales contra la Universal. 

Habla de acciones judiciales; pero en términos éticos y estéticos, ¿le resulta explicable una actitud tan poco elegante?

Habría que preguntarles a ellos, me gustaría, pero ya había pasado ante, una especie de robo  parcialmente con otra película llamada Mister John, con Richard Gere. Por un lado podría hasta resultar halagador, pero por otro te da mucha rabia, porque en ningún caso piden autorización o pagan derecho, sencillamente roban. Si Hombre mirando al sudeste hubiera sido española o francesa, tal vez hubiera sido distinto.

Pero da igual, no haría  hoy algo como Hombre..., hay muchos proyectos en mente, nuevos, que ojalá establezcan con el público cubano la misma relación que conseguí con ella, o como con El lado oscuro del corazón. 

Sobre esos proyectos nuevos, ¿ya ha concretado algo en especial?

Si consigo el dinero, espero comenzar a filmar en marzo o abril...Ya he contado que terminé un guión que se llama Las consecuencias del amor.  

Le escucho un tono dubitativo...

Y qué crees, sigue siendo muy difícil encontrar financiamiento. La gente por ahí se asombra cuando digo esto y me dicen «cómo puede ser que tú, con tu trayectoria no consigas plata para trabajar», pero es así. 

¿Si con Ud. sucede, qué quedará para esos cerca de 400 jóvenes recién graduados de dirección de cine en su país?

No hay que pensar mucho para saberlo. Mi última película no tuvo crédito del Instituto (de cine argentino) no con esta administración, sino con la anterior, pero de todos modos cuesta mucho.

Son problemas típicos de la Argentina, que tienes que dar examen todo el tiempo. Pero tengo fe en que voy a conseguir dinero a tiempo. 

Muchos  opinan que sus películas son mejor entendidas y valoradas por gente de la izquierda y...

...No lo sé. No sé si soy un hombre de izquierda, lo que sí sé es que no soy de derecha. 

¿Estas opiniones no habrán provocado que muchos  dificulten el apoyo?

En este momento no lo creo, hay absoluta libertad. Unas  veces  es la burocracia, otras por estupideces. He tenido la impresión por momentos que la Argentina es muy  injusta con su gente, pero si es cierto aquello de: «Nadie es profeta en su tierra», en la Argentina puede suceder demasiado. 

Aún así, ¿diría que soplan buenos y nuevos vientos para el cine argentino?

Totalmente cierto. De hecho ya está ocurriendo, se está filmado mucho. Hay una administración que actúa bien, y además hay fondo para ayudar al cine, porque el Instituto ha recuperado el impuesto cinematográfico, que antes se lo había llevado el Ministerio de Economía. 

¿Las consecuencias del amor estará en el vigesimosexto Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana?

Soy optimista. Ojalá en diciembre del año que viene estemos estrenando aquí.

Una de las razones por la que filmo es para poder presentar en Cuba. 

¡Pero hacía muchos años que no venía aquí! ¿Por qué?

¡Ocho años!, por una cosa y por la otra, y porque la vida es así  dice y asume una posición reflexiva. Bueno, entre otras cosas porque no me habían invitado, aunque en dos ocasiones sí, pero entonces  yo no podía.

Vuelvo al comienzo de este diálogo. «Las cosas son cuando deben darse». Y así está bien.

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