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INTERIORES DE CODANZA
 
Convertir la danza en motivo de su existencia es el mayor placer de los integrantes de Codanza. Transitan la ciudad de Holguín cazando imágenes para luego cocinarlas entre todos durante los intensos ensayos matinales en los altos del Teatro Eddy Suñol. Allí se reúnen cada día para soñar despiertos los sueños que entregarán en el siguiente encuentro con el público.


Leandro Estupiñán | La Habana

Fotos: Cortesía del Grupo Codanza
 

Solo un chorrillo de luz azul se derrama en el extremo del escenario empapando a una de las bailarinas. Apenas se escucha la música. El resto del espacio es oscuridad que mezcla el frío con la respiración de los espectadores y los murmullos ligeros detrás de los telones. Ella avanza hacia el fondo. Ocurren los primeros movimientos y cualquiera puede morir sobre el escenario. Morir de temor, de envidia, de miedo, de orgullo o de placer durante estas puestas en escena que Codanza suele presentarnos.

Convertir la danza en motivo de su existencia es el mayor placer de sus integrantes. Transitan la ciudad de Holguín cazando imágenes para luego cocinarlas entre todos durante los intensos ensayos matinales en los altos del Teatro Eddy Suñol. Allí se reúnen cada día para soñar despiertos los sueños que entregarán en el siguiente encuentro con el público. No se preocupan entonces por quiénes irán a verlos. Tampoco les interesa si la cifra no sobrepasará las quince personas, como les sucedió hace muy poco en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional. Solo quieren bailar, y bien que siguen haciéndolo.

A principio de los noventa, cinco bailarines recién graduados derrochaban vitalidad y fuerza sobre las tablas. Era abundante el virtuosismo en los movimientos y un remanente de ideas acompañaban cada acción. Esta fue la manera inicial de proyectarse y así se ha mantenido el grupo, aunque a sus años se suman algunas transformaciones conceptuales nada despreciables, al decir de los especialistas.

“En esencia no cambiamos, pero a medida que crecemos vamos ampliando nuestra línea. Ahora trabajamos la danza-teatro desde que la sumimos con el asesoramiento de Marianela Wan. El cuerpo no es solo el protagonista, incorporamos la voz como su prolongación, los gestos...”

La problemática del hombre como género ha sido tema principal desde el surgimiento de la compañía. El amor, la vida, la frustración o el querer abrazar lo imposible recurren en las presentaciones. Durante la última de ellas en la capital, los espectadores pudieron apreciar Pasajera la lluvia, coreografía de Nelson Reyes que avista el tema homosexual. Sus protagonistas, los jóvenes Karel Marrero y Maiquel Hernández, ambos egresados de la ENA, enfrentan el reto de asumirse diferentes en cada puesta. Según Karel, por cinco años en el colectivo, el trabajo en Codanza ha significado la continuación de sus estudios.

“Es un poco difícil por los fuertes ensayos, en lo demás no lo es tanto. Los hombres de la compañía no  tenemos complejos. Lo entregamos todo al ballet, a perfeccionar la técnica y a mejorar nuestra preparación.”

Otra de las responsabilidades de sus integrantes resulta la preparación de los futuros bailarines, estudiantes en la Escuela Vocacional de Arte. Una de las profesoras, la multipremiada Nalia Escalona, protagonista junto a Gilberto, Karel y Lisbet de Interiores, asume esta arista como una forma de asegurar el propio relevo.

Afianzados en Holguín han decidido unificar esfuerzos con los artistas de la región como sucediera con Año cero. La puesta contó con la colaboración del pintor Cosme Proeza en la ambientación y la recreación de las figuras místicas presentes en sus cuadros. Sin embargo decidirse por el camino de la danza desde una provincia no ha resultado nada fácil a quienes en tan alta responsabilidad se empeñan.

“En el caso de Holguín siempre hemos recibido el apoyo de las autoridades pertinentes, en cambio, otras dificultades nos persiguen cada día. Por las limitaciones de hospedaje tenemos muy pocas oportunidades para presentarnos en los eventos danzarios que se realizan en La Habana. Se margina un poco el trabajo de provincia.”, según  Maricel.           

Entre tanto, alternan sus espectáculos en el polo turístico de Guardalavaca, al cual llevan su arte, con presentaciones en Casas de cultura de los municipios montañosos donde las condiciones ni siquiera se acercan a las imprescindibles para un resultado final, en realidad satisfactorio. Otras veces aparecen en diversos escenarios del país o en algunas giras al extranjero. En este quehacer se marchan los días en la vida de los bailarines.

Como peculiaridad, Codanza aparece como la única compañía del país con un predominio de hombres en su cuerpo integrante. La diferencia busca exaltar el vigor y la “belleza masculina” de gran apoyo para las emociones en el escenario. Sobre todo en composiciones donde la fuerza externa se mezcla con la ternura femenina y la solidez interior de los personajes en obras como Muerte prevista en el guión, El banco que murió de amor o la antes mencionada Interiores.

En las próximas Romerías de mayo estrenarán una coproducción que mantiene el tema humano como protagónico, con la compañía Increpación-danza, de Barcelona. Los bailarines principales redoblan esfuerzos en los ensayos, el resto ayuda en el perfeccionamiento de los movimientos o alguna idea que se encuentren al vuelo. No menguan energías cuando la mayor aspiración resulta el volver perdurable un proyecto nacido en año tan difícil como 1992.

Puede encontrarse el teatro abarrotado como casi siempre sucede, o los espectadores pueden no superar la veintena como también han visto. Al descorrerse las cortinas los detalles no importan. Solo funciona el misterio de la danza y las luces y la respiración y las contorsiones. La técnica vislumbra sacrificio y talento. Cualquiera puede morir en el escenario o entre las filas de asientos. La obra terminará. Vendrán los aplausos prolongados por varios minutos y la historia volverá a comenzar la noche que sigue. Codanza no termina, siempre encuentra una forma imprevista para hacernos morir de admiración frente al escenario.

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