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CARLOS ACOSTA:
UN TOCORORO EN CUALQUIER LATITUD

 
Se estrenó, a fines de la semana pasada, y se ha continuado exhibiendo, a teatro lleno, el ballet dramático Tocororo (fábula cubana), del prestigioso bailarín Carlos Acosta.


Tupac Pinilla|
La Habana
Fotos del Autor

 

La trama explícita de la fábula cuenta la historia de un niño que vive, con su familia, en la humildad de nuestros campos y es empujado por su padre a buscar nuevos horizontes en un desconocido y complejo ambiente urbano. Esta obra apunta, sin embargo, a realidades más básicas y universales, saltando, como la fábula que pretende ser, por encima de tópicos y escenarios locales. 

El desarraigo y la inadaptación ante lo ajeno, de un lado, y la imprescindible tolerancia, erigida sobre el respeto, la amistad y el amor, del otro, son ejes de un conflicto que apuesta por el ecumenismo y el crecimiento personal, en armonía solidaria con los otros, como mejor solución. 

Carlos Acosta es un bailarín de excelencia, eso ya se sabe desde que nos sorprendiera a todos con sus actuaciones y sus premios siendo aún un niño. La noticia es que ahora Carlos, además de primerísima figura, se nos presenta como guionista y coreógrafo, y pudiera decirse que lo hace bien para tratarse de su debut. 

Tocororo tiene un buen argumento, una música apropiada, y una propuesta coreográfica y escenográfica interesantes, sin embargo, posee insuficiencias en su dramaturgia que revelan la necesidad de que el tiempo haga lo suyo. Algún que otro bache entre un cuadro y otro, situaciones repetidas, y una infiltración teatral innecesaria y disonante, fueron los lastres principales. 

A pesar de los lógicos yerros a los que la inexperiencia conduce, hay que resaltar el valor de esta obra y de su mayor protagonista. Una coreografía ágil, dinámica, integradora, convocó a una lluvia de estrellas de la danza, donde brillaron, más allá de la noche y además del propio Carlos, los solistas Verónica Curveas y Alexander Varona, quienes no fueron (felizmente) segundos de nadie. 

Esperemos, pues, que el tiempo y la propia vida cuajen nuevas fábulas de Carlos, seguramente mejores pero igual de cubanas.

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