La Jiribilla | DOSSIER             
Bienvenidos a LA JIRIBILLA

DOSSIER
EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

CUBA EN EL MUNDO

BUSCADOR

LIBRO DIGITAL

•  GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
CALLE DEL OBISPO
MEMORIAS
APRENDE
PÍO TAI
EL CUENTO
POR EMAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
TESTIMONIOS
FILMINUTOS
LA FUENTE VIVA
NOTAS AL FASCISMO
NÚMEROS ANTERIORES
Otros enlaces
Mapa del Sitio


RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

VERSIÓN PARA IMPRIMIR

CON LOS SANTOS NO SE JUEGA
 
El Beny, todo vestido de blanco, con su sombrero de ala ancha y su bastón de caballero, muy característico en él, puso lo mejor de sí cuando empezó a cantar, todavía fuera de escena y con los reflectores buscándolo por detrás de los cortinajes, entre el público, en fin...


Pedro Pérez Sarduy|
Londres

“No era por nada, pero me gustaba tanto cantar que cuando me sentía bien, a mis anchas, la voz me salía como yo quería, y a la gente le gustaba porque todo el mundo me decía que cantaba muy bien. Fue escuchando canciones en los bares y cabaret que Guillermo y yo nos conocimos. La primera vez que salimos juntos fue con mi sobrina que era novia de un amigo de él. 

Aunque me gustaba mucho Guillermo, no quería insinuármele porque tenía mis problemas con los muchachos, y aunque era de su misma edad y yo lucía mucho más joven que él, tenía mis prejuicios porque era divorciada, aunque no con papeles, pero separada y con dos hijos. Pero él insistía una y otra vez hasta que mi sobrina se puso de acuerdo con Carlitos y nos invitaron un 14 de febrero, Día de los Enamorados, al AlíBar, donde esa noche cantaba Beny Moré. Aunque el Beny se apareció tardísimo, casi a las 2 de la madrugada ya del día quince, valió la pena porque con unos cuantos tragos de más que tenía, cantó mejor que nunca y hasta le hice un dúo que fue inolvidable para todo el mundo, mucho más para mí. Hasta el dueño del AlíBar vino  expresamente a nuestra mesa y nos dijo que todo lo que consumiéramos a partir de ese momento iba por la casa. El Beny, todo vestido de blanco, con su sombrero de ala ancha y su bastón de caballero, muy característico en él, puso lo mejor de sí cuando empezó a cantar, todavía fuera de escena y con los reflectores buscándolo por detrás de los cortinajes, entre el público, en fin... aquella canción que me gusta muchísimo y que dice así: 

      Cómo fue
      no sé decirte cómo fue
      no sé explicarte qué pasó
      pero de ti me enamoré.
 

Tremenda emoción. El salón entero lleno de gente, empezó a aplaudir. Sencillamente, él siempre fue demasiado Beny. Esa noche mi garganta estaba mejor que nunca y aunque algunas personas se atrevieron a corear la canción y la voz del Beny se iba por encima de la de todo el mundo, la mía sobresalió cuando él empezó la siguiente estrofa:

      Fue una luz
      que iluminó todo mi ser
      llenó mi vida de inquietud.

Fue en esta estrofa y en los acordes siguientes de la orquesta cuando el Beny se acerca a nuestra mesa que estaba bien al frente, en la pista de baile, y aunque no se sorprendió con mi voz, porque él era muy profesional y sabía mejor que nadie que el timbre de su voz era insuperable, me miró como solo él sabía hacerlo, con mucha picardía, pero sin ofender a la otra parte de la pareja y con el micrófono en mano, vino hacia nosotros y lo puso muy cerquita, luego de hacerle una reverencia simpática a Guillermo, con lo cual le pedía permiso para que yo lo acompañara, un gesto muy fino del Beny que acto seguido me llevó con él hacia donde estaba su banda. La gente volvió a aplaudir, pero con más delicadeza, ansiosa de saber el papel que yo iba a desempeñar. No sé si pensaron que yo era una artista que ellos no conocían o si éramos amigos del Beny, no sé. Pero en ese momento fui más artista que nadie y los tragos no me traicionaron, porque siempre me ayudan, sobre todo cuando son secos, como aquel Añejo Bacardí. 

Guillermo no cabía en su pellejo, estaba contentísimo. Todos estábamos muy bien vestidos, con ropas buenas. Yo estaba de lo más elegante esa noche. Llevaba puesto un vestido blanco entallado de seda fría que me destacaba la cintura  -siempre la he tenido pequeña- y se me notaban las líneas del cuerpo aunque sin exageración. Me quedaba a las mil maravillas. Aunque yo no iba al teatro ni nada de eso, me fijaba mucho en la presencia de las artistas de la televisión, y había una cantante negra que tenía tremenda voz de soprano, Xiomara Alfaro, que era muy elegante en sus movimientos, aunque no cantaba boleros ni nada de eso, pero la pobre no tenía mucha suerte porque su cara y el color tan negro de su piel, no la ayudaban mucho y siempre estaba viajando por Acapulco, Buenos Aires y Caracas. Pero yo me fijaba que Xiomara Alfaro era muy buena en los escenarios, no como otras artistas que formaban choteítos en la plataforma, y un poco que esa noche la imité y no sé si la gente se dio cuenta o no, pero finalizando la canción, el Beny me mira... porque a todas estas, nunca se separó de mi lado, como para ayudarme en caso de alguna caída, pero  de pronto a mí se me olvida el final, no sé si por lo emocionada que estaba o por el perfume de agua de colonia de la buena que el Beny llevaba puesto, el caso es que él me mira y me hace una ligera seña de que íbamos a terminar bien alto, uniendo nuestras voces en un mismo tono, que yo me imagino el Beny pensó que yo sabía de música, pero no, yo no sabía de música, aunque sí sabía cantar y sabía cantar acompañada, por las tantas veces que Miguelito mi hermano, y yo habíamos hecho dúos... pero bueno, el Beny le hace una seña a su banda gigante que calla el acompañamiento y al unísono lanzamos la última estrofa que dice, 'Pero de ti me enamoréeeeee', y  virándose hace su banda gigante, cerró con broche de oro, mientras el público aplaudía ahora con verdadero delirio y el Beny se quitaba el sombrero de ala ancha que lo distinguía a la legua y dándome la otra mano dirigía hacia mí el reconocimiento del público.  

Todavía con los aplausos de fondo, el Beny me lleva a nuestra mesa y desde allí, levantando su famoso bastón le hace un gesto al grupo de los metales y comienza a sonar tremendo son, creo que era aquel que tiene el coro que dice, 'Castellano, ¡qué banda tiene usted... Beny Moré qué bandona más grande tiene usted’. 

Nos quedamos en la mesa saboreando aquel momento que Guillermo me obsequió con un beso largo, largo, con sabor a ron también. ¡Qué tiempos aquellos! Aquella noche fue inolvidable de verdad, una de esas cosas que yo no quisiera que se repitiera porque sé que nunca jamás sería ni remotamente parecida. Pero, bueno eso pasó hace algunos años.” 

Fragmento del capítulo homónimo de la novela Las Criadas de La Habana, de Pedro Pérez Sarduy.

......................................................................................................

PÁGINA PRINCIPAL
DOSSIER
 
| el GRAN ZOO  | PUEBLO MOCHO | CARTELERA
POR AUTORES | LIBRO DIGITAL 
Otros Enlaces
| Mapa del Sitio | Correo-Electrónico
Actualizaciones por Correo Electrónico

SUBIR




© La Jiribilla. La Habana. 2003
 IE-800X600