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LOS REPENTISTAS

Siempre me interesaron las controversias campesinas. Me maravillaba la facilidad con que los poetas primitivos podían hablar prácticamente en décimas.


Enrique Núñez Rodríguez|
La Habana


Siempre me interesaron las controversias campesinas. Me maravillaba la facilidad con que los poetas primitivos podían hablar prácticamente en décimas. En un viaje a la Unión Soviética me atendió el entonces Agregado Cultural de la Embajada Cubana, el poeta Raúl Ferrer. Me sirvió de cicerone durante 15 días y me mostró los lugares de interés de la URSS.

Habló todo el tiempo en octosílabos describiéndome, siempre en versos, los lugares más interesantes de la URSS. No habló una sola palabra en prosa. Todas las conversaciones eran en décimas. Supe después que Raúl Ferrer y el Indio Naborí habían realizado lo que puede llamarse la controversia más larga del mundo. En un viaje que hicieron juntos desde Santiago de Cuba hasta La Habana, un aproximado de 12 horas de duración, vinieron hablando en versos. Lo que perfectamente puede constituir un récord Guinnes.

El primer improvisador que conocí fue Brígido Betancourt, un billetero de mi pueblo natal que pregonaba sus billetes en décimas. Creo recordar una de aquellas “joyas literarias”, decía así más o menos:

Soy Brígido Betancourt
El poeta billetero
Que le traigo buena suerte
Si usted se anima a comprar
Un pedacito del Treinta mil Veintidós
Le cuesta veinte centavos
Y si coge el premio gordo
Puede ganarse
Hasta mil pesos
No le parece un buen negocio


Recuerdo que le comenté: “Brígido, eso no pega”. Su respuesta fue convincente. Me dijo: “No pegará pero vendo billetes cantidad”.

Entre las controversias campesinas más sonadas en mi pueblo se destaca la ocurrida en Sagüa la Grande en la que competían un poeta blanco y uno negro en épocas de discriminaciones y racismo. En medio de la controversia dijo el poeta blanco:

Yo hago gárgaras de plomo
Y con sangre me alimento
Y si me pongo violento
Mato un negro y me lo como


La controversia terminó a guitarrazos.

Otra controversia sucedida en San Antonio de los Baños tuvo el mismo trágico final de la anterior.

Competían el Sinsonte de Ariguanabo, un poeta negro y un poeta blanco de la misma zona. Cantó el poeta blanco:

Este poeta no es de aquí,
Este poeta no es del monte,
Y el que le llame sinsonte
jamás ha visto un totí.


Pero en mi caso no resultaba nada nuevo este tipo de repentista. Recuerdo ahora las cuartetas de mi tío Guillermo que disfruté durante mi niñez. Ejemplo de ellas es esta reliquia:

Mi mamá me quiere mucho,
Yo la quiero mucho a ella
Y estoy mirando una estrella
Que se parece a un cartucho.


O ésta, con un profundo sentido filosófico:

Las yerbas del cementerio
Qué tristes deben de estar
Pues cuando el viento las mueve,
parece que se menean.


Papá también posó de repentista. Siempre vivió orgulloso de haber sido compañero, en el Centro de Telégrafos de Matanzas, del destacado poeta Agustín Acosta, el autor de “La zafra”.

Solo recuerdo, sin embargo, una cuarteta debida a su intelecto de poeta. Estaba en Cuba por aquella época una bella actriz nombrada Pituca de la Foronda, hija de la escritora, también famosa, Mercedes Pinto. La prensa nacional reflejaba cotidianamente las actividades de aquellas dos figuras de la intelectualidad. Inspirado en esas circunstancias papá escribió:

Con claridad meridiana
Y con versación muy honda
Mañana por la mañana
Pituca de la Foronda


No quisiera terminar esta crónica sin dedicarle, recogiendo la herencia familiar, una espinela a quien es hoy el más destacado de los repentistas cubanos: Alexis Díaz Pimienta.

PARA ALEXIS

Díaz Pimienta Yo te canto
Con toda mi inspiración,
en forma de seguidilla
En esta crónica que te dedico
Por medio de la jiribilla


No pega pero es verdad.

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