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ENCUENTROS, DESENCUENTROS
RECONOCIMIENTO
Y AUTORRECONOCIMIENTO

La voluntad de incorporar al patrimonio nacional lo más valioso de la obra creada en el exterior, forma parte de un proceso de acercamiento entre la emigración y la Isla, que se ha ido desarrollando desde Cuba sobre la base de contactos cada vez más estrechos y desprejuiciados.
Coincidiendo con un momento de consolidación de este proceso, surgió en Madrid, en 1996, la revista Encuentro de la Cultura Cubana con la intención aparente de establecer un vínculo entre lo que considera como dos bandos, «el de los que viven en la Isla y el de los que lo hacen en el exilio».
Esta investigación, demuestra lo que se esconde detrás de esas pretensiones: cuál es la agenda política de la revista, sus financistas, el lugar que ocupa en la estrategia de agresión del Gobierno norteamericano contra Cuba, y cómo actúa en calidad de instrumento para frustrar, desviar y desnaturalizar los vínculos que se han ido estableciendo con la emigración.

José Antonio García Miranda |
La Habana
 
RECONOCIMIENTO Y AUTORRECONOCIMIENTO
LA NATIONAL ENDOWMENT FOR DEMOCRACY (NED)
«CANALES SILENCIOSOS»
DE ENCOUNTER A ENCUENTRO
«LA CULTURA CUBANA ES UNA»
LA COMUNIDAD EXILIADA MÁS EXITOSA DE LA HISTORIA
DOSSIERS DE ANIVERSARIO
Siguiendo la línea:  los «derechos humanos»
Invitando a la agresión
«LA CUBA POSIBLE» SEGÚN ENCUENTRO
AL DESNUDO LA AGENDA DE WASHINGTON Y MIAMI
ENCUENTRO TOTAL
AL FINAL DEL «ENCUENTRO»


RECONOCIMIENTO
Y AUTORRECONOCIMIENTO

En 1995 se dio un importante paso en el


RECONOCIMIENTO
Y AUTORRECONOCIMIENTO

En 1995 se dio un importante paso en el proceso de establecer, desde Cuba y desde nuestras raíces culturales, una relación fecunda y perdurable con la emigración: el encuentro «Cuba: cultura e identidad nacional». En  ese evento, una de nuestras más lúcidas ensayistas, la Dra. Graziella Pogolotti, expresó:

El tema de la emigración comienza a manifestarse en la obra hecha en Cuba como resultado de un proceso de maduración y desarrollo en el que intervienen factores de diversa índole. Los años 60 estuvieron marcados por las profundas transformaciones llevadas a cabo en el país y por la aguda confrontación política con quienes mediante la agresión y la partida se resistieron a ellas. Fueron los tiempos de Girón y de los alzados en distintas zonas. Para los artistas, se trataba, sobre todo, de proseguir una obra de rescate: la de la múltiple y siempre renovada imagen de la cubanía. Luego, el país se institucionalizó, crecieron nuevas generaciones y las sucesivas emigraciones fueron respondiendo a otras causas. El tema, entonces, empezó a expresarse, desde la perspectiva del que permanecía, como referente, como parte de un debate profundamente imbricado en el devenir de la historia. No se atuvo a la mirada fija, puesta en el pasado. De tal modo relativizado, se instaló en la dinámica del presente, como parte integrante de una totalidad que lo incluye y, a la vez, lo sobrepasa. En esa relativización, hecha de reconocimiento mutuo y también de autorreconocimiento, en su consiguiente inserción en las corrientes más profundas de la historia, allí donde reside la afirmación de una identidad nacional, está la razón de su fecundidad y de sus posibilidades de crecimiento.1 

Entiéndase «el tema de la emigración» no sólo en su sentido artístico y literario, sino como apropiación de un fenómeno que ha sido manipulado políticamente desde el exterior, y escamoteada  su connotación humana y cultural.

La voluntad de incorporar al patrimonio nacional lo más valioso de la obra creada en el exterior, se ha abierto espacio gradualmente entre nosotros, sobre la base de que es aquí, en Cuba, donde están los fundamentos y el sentido mismo de la cultura cubana, aun cuando esta pueda producirse más allá de nuestro territorio. Esta apropiación representa un acto de  madurez y enriquecimiento de la política cultural de la Revolución,  en un proceso  que ha atendido al aporte cultural de un creador, independientemente de donde viva y  de su posición política.

En 1978 ya se  producía uno de los primeros resultados de este proceso: el otorgamiento del Premio Casa de las Américas al testimonio colectivo del Grupo Areíto,  Contra viento y marea; en 1981,  Lourdes Casal recibe el Premio  Casa  por su poemario Palabras juntan revolución, con lo cual, al decir de Ambrosio Fornet, la autora entraba «por la puerta grande, al espacio cultural de acá». También se publicó,  con el sello de la Editorial Letras Cubanas, El monte, de Lydia Cabrera.    

La presencia de intelectuales de la emigración se ha hecho tradicional en eventos, exposiciones, encuentros de profesionales y en conferencias que han sido foros de diálogo fructífero, como las de «La nación y la emigración».

Solamente entre 1980  y  1995, se publicaron textos de más de cien de estos autores y en más de trescientas ocasiones se hizo referencia a sus obras.  El reconocimiento  de la  creación realizada en el exterior y su incorporación a la cultura cubana, ha sido, y continúa siendo, un proceso irreversible con resultados que pueden verificarse a lo largo de estos años.2

Sin embargo, abundan los empeños por frustrarlo, que han ido desde la  amenaza, el insulto y la censura contra «moderados» o «dialogueros»,  hasta el uso de sofisticados proyectos con  falso  ropaje cultural. Estos planes se multiplicaron durante la década de los 90  y, cada vez con mayor claridad, se hace evidente su concertación con los propósitos  de la ultraderecha y su vínculo con los canales financieros que el Gobierno norteamericano destina para la destrucción de la Revolución Cubana.
 

NOTAS

1. En Cuba: cultura e identidad nacional. La Habana: Ediciones Unión, 1995.

2. Consúltese Intercambio cultural entre intelectuales cubanos de la isla y de la emigración (1988-1995). La Habana: Ediciones Unión, 1995. Para conocer lo que se ha publicado e investigado a partir de 1995, puede consultarse en Cuba una numerosa cantidad de fuentes: catálogos de las editoriales y los índices de las revistas culturales cubanas, así como los temas de estudio de los centros de investigación. Sólo una revista cultural como La Gaceta de Cuba, ha publicado gran cantidad de textos de estos autores. Véase, en el No. 49 de la revista digital La Jiribilla (www.lajiribilla.cu), «El (otro) discurso de la identidad y La Gaceta de Cuba en los 90», de Norberto Codina. Otros números de La Jiribilla han difundido la obra de autores emigrados.

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