La Jiribilla | DOSSIER                                                           
Bienvenidos a LA JIRIBILLA

DOSSIER 

EL GRAN ZOO 

PUEBLO MOCHO 

CARTELERA 

BUSCADOR 

LIBRO DIGITAL 

•  GALERÍA 

LA OPINIÓN 

LA CARICATURA 

LA CRÓNICA 
MEMORIAS 
PÍO TAI  
EL CUENTO 
LA MIRADA
EN PROSCENIO 
LA FUENTE VIVA 
Otros enlaces 
Mapa del Sitio 


RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

VERSIÓN PARA IMPRIMIR

LA EXPRESIÓN POLÍTICA DEL
PENSAMIENTO EMANCIPADOR
DE FÉLIX VARELA

La independencia y la libertad individual son hijas de la libertad individual, y consisten en que una nación no se reconozca súbdita de alguna otra, que pueda darse a sí misma sus leyes, sin dar influencia a un poder extranjero, y que en todos sus actos sólo consulte a su voluntad arreglándola únicamente a los principios de justicia, para no infringir derechos ajenos”.

Eduardo Torres-Cuevas | La Habana

La elección realizada por el obispo Espada –decidido partidario del pensamiento ilustrado, del constitucionalismo y del liberalismo– de entregarle la responsabilidad de la Cátedra constitucional a Félix Varela, es entendible en la medida en que el prelado sabía que los fundamentos teóricos de las nuevas corrientes políticas ya venían siendo trasmitidas por el joven profesor en su Cátedra de Filosofía y, con mucho cuidado, estaban expresadas en sus Lecciones de Filosofía. La Cátedra de Constitución, en la cual debían enseñar los fundamentos políticos y las regulaciones de la Carta Magna española de 1812, se convirtió, o simplemente fue, el instrumento para explicitar una concepción política que estaba esbozada en sus Lecciones.

La orden del Gobierno español de crear esta Cátedra sirvió para que Espada y Varela encontraran la vía expedita para formular su ideario político. No obstante, el profesor tuvo especial cuidado de sólo formular las ideas generales y los principios de su pensamiento político, eludiendo toda referencia directa a los problemas concretos que presentaba su sociedad. Se trataba de dar el instrumento de interpretación, no la interpretación ni la solución de los problemas sociopolíticos cubanos. El plan era hábil e inteligente. Se evitaba ofrecer elementos que provocaran enfrentamientos entre los distintos sectores o clases sociales, especialmente los hegemónicos, dividiéndolos antes de que existiera una conciencia y una voluntad políticas, capaces de promover las vías de solución sobre la base de una aspirada y no realizada concordia nacional. Sólo entendiendo ese objetivo de crear una unidad de perspectiva supraclasista se puede entender el plan varelista con la Cátedra de Constitución. La historia posterior demostraría que los intereses de clase obligarían a comprender el carácter clasista antagónico de los intereses que se querían coaligar. Pero esta perspectiva no podía estar en el prisma de Varela.

Lo antes expuesto puede observarse en el discurso inaugural pronunciado por Varela en la Cátedra de Constitución. Quienes conocían sus Lecciones de Filosofía pudieron ver como el maestro proyectaba su pensamiento filosófico en el plano político. Los conceptos rectores de libertad, soberanía, derechos del hombre, contrato social, igualdad, garantías nacionales, entre otros, se convierten, ahora, en fundamentos teóricos para una práctica política consecuente en aras de un pensamiento patriótico, el cual tiene por objetivos minar los cimientos de la vieja sociedad y crear los de una nueva basada en los conceptos fundamentales del pensamiento emancipador burgués, dentro de una perspectiva patriótico–autóctona, radical, democrática y útil.

Uno de los elementos centrales del pensamiento político de Félix Varela, está fincado en el principio rector de toda su teorización filosófica. Trátase de no imponer las ideas y los “caprichos de los hombres” a las relaciones políticas existentes, sino de deducirlas e interpretarlas a partir de la “experiencia y observación exacta sobre la naturaleza”.1 Son las relaciones existentes las que determinan la teorización sobre ellas. Éste será el elemento director de los principales ideólogos del pensamiento cubano y seguidores de Varela (Saco y Luz), en tanto no hicieron política por la misma, sino que intentaron proyectar teorías e ideología política a partir de la realidad, pues las ideas están determinadas por la realidad y no a la inversa.

Las dos ideas básicas de toda la concepción política vareliana son los conceptos de libertad y soberanía. Por su naturaleza, para Varela todos los hombres en sociedad –al estar divididos por sus intereses– necesitan ser gobernados por alguien. Por su parte, la soberanía consiste en la renuncia de una parte de la libertad de los hombres a favor de la sociedad, en tanto proporciona el bien social y evita otros males. La relación establecida entre libertad y soberanía expresa que son incompatibles con la esclavitud, porque el pueblo es quien renuncia a una parte de su libertad, voluntariamente, y no por la violencia para formar un Gobierno soberano; él puede establecer las leyes fundamentales de la sociedad y, por tanto, en él “reside esencialmente la soberanía”2. El profundo convencimiento antiesclavista de Félix Varela tiene su origen en estas bases político–filosóficas de su pensamiento. Al analizar los principios del pensamiento universal proyecta una sociedad futura más libre y justa, aunque encerrada aún en la conceptualización burguesa. Teniendo en cuenta la realidad cubana y los factores que impiden su plena realización, sus concepciones no responden, ni a las de la burguesía esclavista, ni a los intereses de ésta, proyecto de desarrollo sobre la trata y la esclavitud. Para Varela, ello es incompatible con la soberanía del pueblo, basada en la libertad de sus componentes.

Si bien el objetivo de los esclavistas es transitar el camino hacia la sociedad capitalista y el de Varela es la plena realización de una sociedad libre y justa, dentro de las concepciones fundamentales de esa sociedad; la contradicción entre ambos estriba en que el último pondera en la sombra utópica de ese pensamiento, mientras los primeros se basan en los más despiadados métodos de acumulación originaria de capital. Esto no permite simplificar el problema reduciendo a Varela a un simple ideólogo de la burguesía dominante; ni sus diferencias con ella pueden explicarse por medio de la simple “relativa independencia”entre el ideólogo y la clase. Mientras la burguesía esclavista no acepta –ni aceptaría nunca– una colaboración de intereses, Varela pone el acento principal en ello, en tanto todos los hombres participan de la soberanía del pueblo. Mientras que para la burguesía esclavista su rayo focal es su enriquecimiento de clase; para Varela, el suyo es la creación de la nación que no existe. Por eso se proyecta como ideólogo de la nación, más allá de los intereses mezquinos y, a veces, abiertamente antinacionales, de la clase dominante.

Al referirse Varela a la soberanía nacional se observa que ésta radica en el pueblo, de aquí la doble relación que implica su definición en la realidad cubana. En un sentido específico, él refiere el concepto de nación a España, concebida como la unión de todas sus provincias, con inclusión de Cuba; y en un sentido general, el contenido de la definición puede ser segregado de lo español y conceptualizado dentro del proceso de creación de una conciencia nacional cubana.

La soberanía tiene su base en aquella parte de la libertad individual de la cual han hecho dejación los hombres para poder crear el conglomerado social; el Gobierno, por tanto, ejerce la soberanía por delegación del pueblo y está obligado a procurar el bienestar y la felicidad de ese pueblo. El Gobierno es el resultado de la voluntad general que forma el primer principio o poder de la nación; por tanto, el Gobierno es el ejecutor de la voluntad general. Esta relación contractual implica que hay una parte de las libertades individuales a las cuales no ha renunciado el hombre. Por eso, la concepción varelista se basa en una idea de Benjamín Constant, quien sostiene que la libertad individual de los hombres en toda sociedad se rige por el principio de “practicar lo que la sociedad no tiene derecho de impedir”.3 La violación de este principio por los gobernantes rompería el pacto, pues “el pueblo jamás ha facultado al gobernante para que haga injusticia”.4 En ello radica el derecho del pueblo en sustituir a todo gobernante que atente contra la parte de sus libertades a las que no ha renunciado; es decir, el derecho de actuar contra los tiranos o déspotas, quienes en lugar de cumplir el pacto entre gobernantes y gobernados, violan el principio de la soberanía que radica en el pueblo. Ahí está implícito el principio insurreccional cubano contra el dominio foráneo.

Uno de los aspectos centrales de la teoría de la soberanía sólo es explicable a partir de la concepción del derecho de los reyes al poder y de las facultades de que están investidos. La tradición se había basado en el derecho divino justificativo de la omnipotencia de la autoridad real, gobernante no por delegación del pueblo sino por mandato de Dios. Contra esta teoría se dirige parte de la argumentación de Varela. La concepción vareliana es esencialmente la del derecho natural. El Rey sólo tiene un mandato temporal emanado del pueblo. “Demos, pues, al César lo que es del César, que se reduce a una potestad temporal conferida por los pueblos, y que ningún individuo debe desobedecer”.5

Otra de las consecuencias de la concepción de Varela de la libertad, es el derecho de igualdad, es decir, el derecho que tienen los hombres a ser juzgados por igual al presentar los mismos méritos y recibir las mismas percepciones. Para él existen tres tipos de igualdad: a) La igualdad natural, “que consiste en la identidad de especie en la naturaleza”,6 es decir, todos los hombres tienen los mismos principios ante la naturaleza; b) la igualdad social, “que consiste en la igual participación de los bienes sociales, debido al influjo igual de todos los individuos”;7 c) la igualdad legal, “que consiste en la atribución de los derechos e imposición de premios y penas sin excepción de persona”.8 Las dos primeras –o sea, la natural y la social– llevan implícitas una desigualdad, pues, por una parte, los hombres en la naturaleza tienen diferencias en las “perfecciones individuales”; en la sociedad no es posible que el sabio, por ejemplo, sea igual al ignorante.

Sólo la igualdad legal no lleva implícita la desigualdad en tanto ella no depende, a la hora de ejecutarse de la opinión que se tiene acerca de las personas, sino “de la naturaleza de los hechos sobre que se juzga”.9

Esta concepción de igualdad resulta verdaderamente explosiva en el contexto cubano. Por mucho que se busque en las bases teóricas del concepto, en la formulación vareliana se observa la ausencia total de cualquier tipo de alusión que implique la desigualdad de los hombres por una condición jurídica, como ocurre en el caso de la esclavitud, ni una diferenciación racial entre ellos. Por el contrario, para Varela, todos los hombres participan de la igualdad legal. Nuevamente se perfila su posición democrático–popular y antiesclavista, la cual pronto se hará explícita. Pero hay más. Su concepto de la igualdad implica el derecho de la nación a poseer las mismas condiciones que el resto de los pueblos. Esto era válido para la existente nación española y válido para la futura nación cubana. “Una sociedad en que los derechos individuales son respetados es una sociedad de hombres libres y ésta ¿de quién podrá ser esclava, teniendo en sí una fuerza moral irresistible, por la unidad de opinión, y una fuerza física, no menos formidable por el denuedo con que cada uno de sus miembros le presta a la defensa de la patria? ¿Podrá temerse que sufran las cadenas de la tiranía? La independencia y la libertad individual son hijas de la libertad individual, y consisten en que una nación no se reconozca súbdita de alguna otra, que pueda darse a sí misma sus leyes, sin dar influencia a un poder extranjero, y que en todos sus actos sólo consulte a su voluntad arreglándola únicamente a los principios de justicia, para no infringir derechos ajenos”.10

En los principios expuestos en el párrafo anterior, Varela crea, independientemente de lo indefinido del concepto de nación, con claridad explicitada en el concepto de patria –que siempre utilizó para Cuba–, los paradigmas políticos que deben regir para la futura nación cubana. Una sociedad de hombres libres que no sea esclava de nadie, basada en su fuerza moral y física, y que parta del principio del respeto al derecho ajeno, constituye la más importante lección de patriotismo que Varela deja a sus alumnos y a las futuras generaciones de cubanos. Esto es totalmente ajeno a las concepciones de la clase dominante.

La existencia de la soberanía individual exige la existencia de poderes para evitar que en un solo individuo caiga tal cúmulo de poder que propenda al despotismo. He aquí la llamada división de poderes en representativo o legislativo, ejecutivo y judicial. El representativo se encuentra en el supremo Congreso donde representa a la nación en la misma medida en que dicta sus leyes; el ejecutivo lo ejercen las personas designadas por el pueblo para hacer efectivo el cumplimiento de las leyes; el judicial se desarrolla por parte de los tribunales encargados de aplicar las leyes y administrar la justicia.

Varela ve en la Constitución española determinadas peculiaridades que la diferencian de las otras, como la de Inglaterra y Estados Unidos, y que, como consecuencia de las propias circunstancias del país, le dan cierta originalidad. Esto se pone de manifiesto en el hecho de reunir bajo una sola cámara a la nobleza, el clero y el estado llano, todos como representantes que el pueblo elige. Separar estos estamentos en el poder legislativo implicaría verlos como algo distinto que supondría la supremacía de alguno de ellos sobre el resto del pueblo. “Repetiremos, una y mil veces, que todo lo que se dirige a conceder preferencia a una clase de individuos sobre las otras, inspira desunión, y es medida contraria al estado actual de la España y al progreso que han hecho las luces en ella y en todas las naciones.11

En el análisis del carácter unicameral del régimen constitucional español encontramos una de las más claras definiciones antioligárquicas y democrático–populares de Félix Varela, factor a considerarse a la hora de valorar sus relaciones con la burguesía esclavista cubana. “Al formar todo lo que pudiera parecer privilegio, acepción de personas, división de intereses, en una palabra, todo lo que no conspire a reunir la opinión por una justa igualdad.”12

Cuando en 1817 Varela pronunció su discurso acerca de la Ideología dejó sentadas las posiciones básicas de su quehacer pedagógico. Ahora, en 1820, ante el proyecto de un plan de educación único para todos los territorios comprendidos en las Españas, Varela ofrece el más acabado, profundo y fundamental opúsculo sobre su concepción de la educación, concepción que se proyecta con el objetivo de formar, científica y políticamente, a la juventud de su época en aras del bien de la patria y la formación de la nación cubana; concepción que no puede aceptar la unidad doctrinal y metodológica de la enseñanza porque ello supondría la aceptación de los métodos e ideas de la Metrópoli en la Colonia. “Tratando de la educación pública, se dice que el plan general de enseñanza será uniforme en todo el reino, me obliga a manifestar con franqueza lo que pienso, sea cual fuere la opinión que prevalezca en esa materia. Si la generalidad del plan es generalidad de doctrinas, no hay mayor absurdo, pues o se supone que todos los españoles coinciden en unas mismas ideas y que no pueden variarlas, lo cual es ridículo, o se supone que sólo se enseñe lo que quiere el gobierno, quitando la libertad de pensar aun en las materias que nada ofenden ni a la moral ni a la política, lo cual no puede convenir a un pueblo libre. Si la uniformidad del plan es en el método, éste debe acomodarse a las circunstancias, y la prudencia de los profesores, cimentada en conocimientos prácticos, es quien únicamente puede conducirle, y jamás habrá un método que sea acomodable para todas las circunstancias. El método y el orden de colocar las materias, es uno de los puntos más difíciles en la enseñanza, y que se desean mayores progresos; y así conviene que se deje en libertad a los profesores para ensayar y discutir en esta materia cuanto fuere posible. Si se establece un método por el Gobierno, ya no se pensará mas que en cumplir lo bueno o malo; ni se me diga que siempre queda el derecho de representar, pues muy pocos querrán meterse en eso, y sólo se hará cuando sean insufribles los atrasos que produzca el plan establecido. Se dirá que la nación debe estar uniforme en esto ¿por qué? Yo no alcanzo el fundamento, pues distinguiéndose los hombres en sus ideas más que en sus rostros, la variedad de pensamientos no puede desdecir, antes adorna una nación que aspira a distinguirse por las luces. ¿Se manda una uniformidad de vestidos? Pues ésta sería más llevadera que la uniformidad de ideas. Bien sé que se trata de la enseñanza, y no de la libertad de pensar que genéricamente tienen los españoles; pero siendo las primeras ideas como las bases de todas las futuras, yo creo que es como darle a uno libertad para caminar, después de haberle roto los pies, o por lo menos, después de habituarle a torcerlos”.13

Notas.

1– Observaciones sobre la Constitución política de la Monarquía española, Imprenta de Pedro Nolasco Palmer e Hijo, 1821, p 26.

2– Ibídem, p. 34.

3– Ibídem, p. 38.

4– Ibídem, p. 39.

5– Ibídem, p. 36

6– Ibídem, p. 40

7– Ibídem.

8– Ibídem.

9– Ibídem, p. 41.

10– Ibídem, p. 11.

11– Ibídem, p. 59.

12– Ibídem, p. 66.

13– Ibídem, p. 95.

Tomado de Félix Varela, los orígenes de la ciencia y conciencia cubanas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1995.

......................................................................................................

PÁGINA PRINCIPAL
DOSSIER
 
| el GRAN ZOO  | PUEBLO MOCHO | CARTELERA
POR AUTORES | LIBRO DIGITAL 
Otros Enlaces
| Mapa del Sitio | Correo-Electrónico
Actualizaciones por Correo Electrónico

SUBIR



© La Jiribilla. La Habana. 2002
 IE-800X600