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OLGA, LA DE LOS TAMALES

Lo mismo en la conocida esquina de Prado y Neptuno, que en las matinés de las sociedades de baile y recreo, Olga se sentaba con su lata y su pregón tamalero. Había para todos los gustos. Pero no se sabe bien si por la canción o por sus acreditados tamales, es a ella a quien mejor recuerdan.

Nirma Acosta  |
La Habana


Era 1949. En el número 180, de la calle Figuras, entre Manriquez y Tenerife, en el barrio de Los Sitios, se levantaba cada mañana preguntándose qué hacer para ganar el sustento y mantener la casa. Había perdido al esposo. Tres niños y una madre anciana se le quedaban mirando en tono indagatorio a la hora del nuevo ayuno. Fue de tarde y se olvida de la fecha en la que le vino la idea. ¿Por qué no?, se preguntó al tiempo que buscaba en el armario de la sala una jaba casera construida con la recortería de antiguos vestidos. Se fue corriendo al mercado, compró unas mazorcas y se dijo: voy a ser la primera mujer que venda tamales en La Habana. 
 

"La única negra que vendió tamales en las calles en esa época fui yo", asegura campechana a La Jiribilla, Olga Moré Jiménez. A quien todos conocen como Olga La Tamalera.
"La gente se reía de mí, algunos hasta me decían cosas. No era costumbre. En la calle los vendía a 10 centavos y en las fiestas a 25. Tenía que buscarme la vida. Estaba sola con los niños y tenía que pagar un alquiler alto por el cuarto donde vivíamos. Si no pagaba me sacaban los muebles y a la calle"
Se paraba frente a la gran cazuela, luego de la agotadora tanda de rayar el maíz, a cocer la harina. En ese momento prefería estar sola, pues la receta era y seguirá siendo un misterio para los cubanos. 
"Nooo, no, no, la receta no se la doy a nadie. Mi esposo actual y mi hija saben algo del secreto, pero el resto de la gente que se sigan preguntando ¿y cómo hace Olga los tamales que le quedan tan ricos? Porque, oiga, los tamales más ricos de La Habana los hago yo, con picante y sin picante. Por eso la canción dice: pican, no pican, los tamalitos que vende Olga". 
Lo mismo en la calle, en la conocida esquina de Prado y Neptuno, que en las matinés de las sociedades de baile y recreo como la Rosalía de Castro, Olga se sentaba con su lata y su pregón tamalero. Había para todos los gustos. Y hubo un momento en que la competencia fue grande, pero no se sabe bien si por la canción o por sus acreditados tamales, es a ella a quien mejor recuerdan.
 

"A Félix Reina y a Fajardo les conocí cerca del Parque La Normal, en un saloncito de descargas. Allí yo hasta rumba bailaba, porque a mí me encanta bailar, y lo hago elegante. También me gusta mucho el bolero. Entre mis preferidos está Longina y Dos gardenias. Félix y Fajardo me convirtieron en Olga La Tamalera para el mundo, porque hasta fuera de Cuba la gente sabe de mí y no falta quien quiera probar. Tenían fama porque cada día estaban mejores, pero ya no hago muchos tamales. Los tiempos cambiaron. Por aquí pasa mucha gente a conocerme. Y cuando estuve en Nueva York, todo el mundo sabía de mí por la canción. Hasta Oscar de León cuando vino quiso visitarme. Me pongo elegante y hasta bailo si hay que bailar, que le pregunten a la Original de Manzanillo". 
La tamalera más famosa de la Isla va a cumplir 80 años el 23 de mayo. Nació en Cruces en 1922, tiene cuatro hijos, y tantos nietos, bisnietos, y hasta un tataranieto que está por nacer que prefirió no contarlos.. Le gustan el son y la rumba, de ahí su gracia para la cocina, según dicen en su barrio. De cualquier manera, aunque ya no amarra hojas de maíz en la noche como en aquellos años, su fama de buena tamalera le calló la boca a cuantos se burlaban y hoy no hay quien no conozca en Cuba a esta buena mujer que abre la puerta de su casa y dice: "Pase, pase, pase, que soy yo misma, Olga, la de los tamales". 

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