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LOS POPULARES DE ANTAÑO

Desde el pasado llegan a la memoria de cualquier habanero, personajes como Cándido "El billetero", La Marquesa del Floridita, El Caballero de París, el profesor Collado y Bigote ´e Gato, a quienes no era difícil encontrar por las calles de la capital.


Enrique Núñez Rodríguez |
La Habana


Para cualquier habanero de más de sesenta años, no es difícil encontrarse en las calles personajes populares de antaño. A su memoria pueden venir pregoneros famosos como Cándido, el Billetero del treinta y tres, que pregonaba sus billetes de la Lotería Nacional haciéndose acompañar de un clarinete, en el que interpretaba un extraño tema musical. Su desafinada melodía puede considerarse el antecedente directo de las menciones radiales que recibieron el nombre de Jingles, tan utilizadas después por las empresas jaboneras para identificar sus programas de radio y televisión.

También en la esquina de 23 y 12 ofrecía su mercancía a viva voz, con una especie de pregón telegráfico, el más elegante de los tamaleros que recuerda la ciudad. Enfundado en un impecable traje blanco de dril 100, este popular vendedor de tamales se limitaba a repetir rítmicamente: "Pican ... no pican". Su elegante y discreto pregón debe haberle producido jugosas ganancias.

Por la acera del Floridita era frecuente encontrarse con La Marquesa, de modales cortesanos y vestuario originalísimo. La Marquesa no vendía producto alguno. Se limitaba a solicitar de los que pasaban: "¿No tienes una pesetica para La Marquesa?". Y los habaneros de la época, con una reverencia, la premiaban con la moneda solicitada. 

Muy distinto era el estilo de El Caballero de París. De la más rancia nobleza, paseaba su capa negra y su cartapacio de papeles viejos, ofreciendo flores silvestres y piropos decimonónicos a las damas con las que se cruzaba en su cotidiano camino. Si bien su nobleza como Emperador del Mundo era solo producto de su imaginación, sencillez y elegancia al decir, esta lo convirtió en un verdadero monarca de la Ciudad.
 

El Profesor Collado, el hombre orquesta, llenó las calles de La Habana con populares melodías. El solo ejecutaba más de diez instrumentos musicales a la vez ofreciendo obras de los más significativos compositores de su época. Anunciaba sus servicios en una forma muy peculiar. Decía: " Amenizo bailes, si ponen el caballo voy al campo". 

Quizás el único superviviente de esa rica tradición sea Bigote ´e Gato: "un gran sujeto que vive allá por el Luyanó".
 


De todos ellos, entre cientos de pregoneros no tan famosos, el que recibió los honores de la posteridad fue El Caballero de París. Gracias a la exquisita sensibilidad de Eusebio Leal, el Historiador de la Ciudad, cuenta con un sencillo y entrañable monumento en la Avenida de Paula, obra del escultor Villa. 

Allí, La Habana homenajea a quien, venido de otras tierras, dedicó su vida, entre sueños de grandeza, a obsequiar flores y bellas frases de elogio a las damas que hoy, convertidas en bisabuelas, le agradecen su verdadera nobleza: la del espíritu. 
 

Galería de imágenes El caballero en La Habana

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