La Jiribilla | DOSSIER                                                           
Bienvenidos a LA JIRIBILLA

DOSSIER 

EL GRAN ZOO 

PUEBLO MOCHO 

CARTELERA 

BUSCADOR 

LIBRO DIGITAL 

•  GALERÍA 

LA OPINIÓN 

LA CARICATURA 

LA CRÓNICA 
MEMORIAS 
PÍO TAI
EL CUENTO 
EN PROSCENIO 
LA FUENTE VIVA 
Otros enlaces 
Mapa del Sitio 


RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

VERSIÓN PARA IMPRIMIR

VOLVER

Nuestras Universidades son hoy bien distintas. En sus aulas se respira un espíritu nuevo. Muchos de los sueños de Mella se han hecho realidad.


Enrique Núñez Rodríguez |
La Habana


Para cualquier estudiante del interior, escalar los 88 peldaños que conducen al Alma Mater era como la realización de un sueño. La historia de Mella, Trejo, Valdés Dausá y tantos otros mártires del estudiantado en la lucha contra el machadato estaba fresca en la memoria, y para los que, una vez terminado el bachillerato, nos iniciábamos en las tareas universitarias, ascender por la colina significaba, exactamente eso: ascender. No podíamos imaginar aquel día en que experimentábamos un extraño erizamiento al entrar por primera vez al sagrado recinto, que nos recibiera una turba enloquecida para pelarnos al rape y embadurnar nuestras cabezas con pintura roja, en un grotesco espectáculo, importado de las universidades yanquis. Pero esa no sería la única sorpresa desagradable de los días iniciales. 
Más tarde, al comenzar las clases nos enfrentaríamos a un mundo distinto al que estábamos acostumbrados en nuestros modestos institutos de segunda enseñanza . Al menos los que veníamos de pueblos pequeños, no habíamos visto jamás tanta gente bañada y vestida en horas de la mañana, como los alumnos que se sentaban a escuchar las clases de Derecho Romano que eran impartidas a las ocho de la madrugada.
Recuerdo bellas alumnas con peinados artísticos y olorosas a cierto perfume desconocido que intuíamos de origen francés. En mi pueblo nadie se bañaba antes de las seis de la tarde, y las muchachas se peinaban en la peluquería solamente los días de verbenas o bailes en el liceo. Imaginen ustedes a un estudiante recién egresado del Instituto de Sagua enfundado en un trajecito verde botella confeccionado por Timoteo, el sastre del pueblo, que cuando no tenía lápiz para apuntar las medidas, nos mandaba a acostar en la mesa donde trabajaba, y con una tiza de yeso dibujaba nuestra figura, y por ahí cortaba.
Mi vestuario para asistir a clases lo completaba un par de rústicos zapatos hechos artesanalmente por mi tío Ibrahin, a los que el mismo llamaba por su tosca forma, torombolos
Era realmente una tortura sentirse rodeado de muchachas y muchachos tan elegantes. Todavía hoy a tantos años de distancia, siento una especie de fobia contra el Derecho Romano. Pese a todo llegué a identificarme con aquellas aulas y con los bellos patios en los que con frecuencia se armaba un tiroteo que terminaba con el trágico saldo de muertos y heridos. Pronto me di cuenta de que la Universidad no era lo que yo había soñado y mucho menos la que soñó Mella
Sin embargo, un cierto orgullo de sentirme Universitario se me filtraba por las venas.
Hoy, a más de 60 años de aquel ascenso inicial a la Colina Universitaria vengo a esta tribuna a hablar de la Universidad y experimento la grata sensación de haber olvidado aquellos tropiezos iniciales. Nuestra Universidad, pudiéramos decir nuestras Universidades, son hoy bien distintas. En sus aulas se respira un espíritu nuevo. Muchos de los sueños de Mella se han hecho realidad. El acceso a los jóvenes trabajadores está garantizado. La solidaridad entre sus estudiantes es una bella y conmovedora realidad, las crueles novatadas fueron erradicadas, la violencia desapareció de sus aulas y pasillos.
Uno siente en sus viejas paredes como un hálito acogedor y entrañable. Y mira con nostalgia hacia la taquilla donde hace más de 60 años alegre y esperanzado formalizó su matricula. 
Con la frente marchita y las nieves del tiempo plateando mi sien, como en el viejo tango, siento el irrefrenable e imposible deseo de volver.
Para mi felicidad, por los 88 históricos escalones de la Colina ya viene ascendiendo mi bisnieto. 

Intervención en la Convención Internacional Universidad 2002.

......................................................................................................

PÁGINA PRINCIPAL
DOSSIER
 
| el GRAN ZOO  | PUEBLO MOCHO | CARTELERA
POR AUTORES | LIBRO DIGITAL 
Otros Enlaces
| Mapa del Sitio | Correo-Electrónico
Actualizaciones por Correo Electrónico

SUBIR


Del 7 al 17 de Febrero
del 2002


© La Jiribilla. La Habana. 2002
 IE-800X600