La Jiribilla | DOSSIER                                                           
Bienvenidos a LA JIRIBILLA

DOSSIER  

EL GRAN ZOO 

PUEBLO MOCHO 

CARTELERA 

POR AUTORES 

LIBRO DIGITAL 

•  GALERIA 

LA OPINIÓN 

Luis Ortega

LA CARICATURA 

LA CRÓNICA 
• MEMORIAS 

Elena Burke
Celina González
Luis Carbonell
Rosita Fornés

EL CUENTO 
Otros enlaces 
Mapa del Sitio 


RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRONICO
Click AQUI

   

EDUARDO ABELLO CUADRADO

Enrique Núñez Rodríguez  | La Habana

Cuando llegué a la Universidad, Abello llevaba más de diez años en la Facultad de Derecho. Algunos le llamaban el bicentenario, en simpática alusión a su permanencia en alto centro docente. No es que fuera un estudiante torpe. Es más, bastaba conversar con él para convencerse de que era inteligente. Pero le gustaba la universidad y había encontrado la fórmula para no abandonarla. Sencillamente, no estudiaba.

En su expediente obrara la historia de una visita que hizo el general Machado, en sus primeros años de presidente, a la mansión que se había hecho fabricar el político italiano Orestes Ferrara y que había prometido dejar como legado a la Universidad de La Habana. Ferrara invitó al presidente y a un pequeño grupo de estudiantes de Derecho, para que presenciaran la anunciada cesión. Abello era uno de ellos. Después enseñarle los amplios salones y los bellos patios a Machado, Ferrara lo invitó a visitar la biblioteca. Allí, el italiano que era un destacado jurista, se deleitó mostrándole al Primer Magistrado de la Nación sus valiosas colecciones de Lombroso, el Marqués de Becaría, Papíniano, Justiniano, etcétera. Machado que era un analfabeto en materia jurídica, queriendo disimular su desconocimiento, se volvió hacia Abello, que presenciaba la escena y le preguntó:

—¿ Estudiante qué haría usted si le regalaran una biblioteca como ésta?

Abello, ni tardo ni perezoso, le respondió:

—En una palabra, General, venderla.

Dicen que Machado le premió su respuesta con una botella en el gobierno, pero eso no lo he podido comprobar en mis investigaciones.

Lo que sí es cierto es que, estando yo en la Universidad, casi veinte años después, el profesor Guerra López, de Derecho Penal, se encontró con Abello un día antes del examen que debía realizar. Tal vez cansado de suspenderlo le propuso:

—Vaya usted a mi examen mañana, si me contesta una sola pregunta, lo voy a aprobar —Abello aceptó.

Al día siguiente, muy temprano en la mañana, estaba en el aula dispuesto a inmolarse, según le oyeron decir. Según su apellido, era el primero en la lista por orden alfabético. Guerra López le mostró el tintero que estaba sobre la mesa y le preguntó:

— Dígame, alumno, ¿qué tengo en la mano?

Abello contestó:

—Un tintero.

Guerra López replicó:

— No, alumno, usted está examinando Derecho Penal, lo que quiero es que me diga si lo que tengo en la mano es un bien mueble o inmueble —iba a continuar cuando se escuchó la voz de Abello:

—Aguante ahí, doctor, que ya son dos preguntas

Ese día Abello salió de una asignatura difícil. Guerra López también salió de un alumno bien difícil.

x VERSION PARA IMPRIMIR
......................................................................................................


PAGINA PRINCIPAL

DOSSIER
 
| el GRAN ZOO  | PUEBLO MOCHO | CARTELERA
POR AUTORES | LIBRO DIGITAL 
Otros Enlaces
| Mapa del Sitio | Correo-Electrónico
Actualizaciones por Correo Electrónico

SUBIR



TIENDA DIGITAL
Música Cubana


© La Jiribilla. La Habana. 2001
Sitio auspiciado por el Periódico Juventud Rebelde
 IE-800X600