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ALDITO... EN EL OCASO DE LA HORMIGA Y EL ELEFANTE.

Todos los días me siento al piano y me invento cosas; es una necesidad del cuerpo y del espíritu. Si no toco el piano es como si no hubiera hecho nada válido en el día

Nirma Acosta
| La Habana

Con notas también se escriben cuentos. Esa sensación nos deja Aldito López-Gavilán cuando interpreta al piano historias de amor entre hormigas y elefantes, princesas que devuelven el tiempo, espirales y cuanto azar se pueda narrar. La magia viene de la mano del joven músico.

Con solo 20 diciembres -porque nació ese mes de 1979-, invita a compartir el privilegio de una prometedora obra iniciada por aquellos días del Premio de la UNICEF -a los once años- y luego, con el segundo lugar en el Concurso Iberoamericano de piano "Teresa Carreño".

Ya me habían comentado que no era muy conversador; de cualquier manera arriesgué el sí vs. sí, pidiéndole me invitara a un viaje hacia el centro de sí mismo donde no faltaron las anécdotas infantiles, la familia, la nostalgia de estar lejos de casa porque cursa estudios en Londres y su tertulia preferida: el disco En el ocaso de la hormiga y el elefante.

-Desde pequeño, mis padres descubrieron que tenía facilidades para la música porque cantaba muy afinadito. Dice mi mamá que yo tarareaba antes de hablar. Haber nacido en un ambiente musical, conrtibuyó a formar mi vocación. En casa, se escuchaba música las 24 horas; se hablaba de músicos y pensábamos en la música como lo más importante de nuestras vidas.

Durante años lo vimos llevarse el primer lauro en los concursos "Amadeo Roldán". A los doce, interpretó a Mozart con la Orquesta Sinfónica de Matanzas; a los 15, Rapsodie in blue con la Juvenil integrada por estudiantes de la ENA y el ISA; a los 17, ya se le escuchó con la Sinfónica Nacional el Concierto no. 3 -para piano y orquesta- de Serguei Prokofiev.

-Fue muy importante porque me dirigió mi papá. Ya era mayor y por eso, se hizo más promoción. Aunque algunos me conocían por el premio de la UNICEF, aquel concierto sirvió para saber hasta donde podía llegar. Nadie tenía que decir "fulano es bueno o malo"; conciertos, concursos hablaban por sí solos… El "Teresa Carreño" fue el más importante -en piano clásico- . Es un concurso muy prestigioso para Latinoamérica. Concursan jóvenes de Estados Unidos incluso. Fue en Venezuela, participamos dos cubanos. Adonis que cogió el primer lugar y yo. Mis padres se dieron cuenta a tiempo de que servía para esto y me ayudaron a encaminar el talento.

¿Qué ventajas y desventajas trae vivir en una familia donde todo es música?

-Hablamos los mismos códigos, sabemos qué deseamos decir con cada nota, y cómo podemos ayudarnos. Claro, a veces, entorpece porque necesitas componer algo en particular y te aconsejan: "esa no es la mejor manera" "no es por donde tú vas, se acostumbra a hacerlo de otra forma". No aprendes de las equivocaciones, pues siempre aparece un duende en casa, que ya anduvo el camino antes y te facilita las cosas. Pero uno quiere equivocarse y escribir disparates como cualquiera. Esa es una forma, también de aprender.

Mis padres estudiaron cinco años en Moscú. La escuela soviética es muy reconocida mundialmente por su rigor, su fuerza. Ellos fueron extremadamente exigentes conmigo porque así fue como les enseñaron. Desde pequeño, inventaba canciones, componía, y no solo era estudiar lo de otra gente, estaba haciendo y estudiando mi propia música. En esos momentos, no faltaron de mi lado, con sus consejos y críticas. Hoy se los agradezco.
La música es algo que la tienes o la aprendes; cuando la tienes, la estudias para practicarla e ir cada vez más profundo; así consolidas lo aprendido y se lo muestras al público. Es hermoso poderle mostrar a la gente lo que se puede lograr con la música.

Con 5 años, solo los genios dedican cinco o seis horas a estudiar el piano. Yo también quise irme a jugar y dejar para después el estudio, pero poco a poco fui necesitando y hasta dependiendo de esas horas frente al instrumento. Es como en el deporte: una carrera. Empiezas con 3 vueltas, después 5, hasta llegar a los 1 000 metros. En la escuela me instruyeron para ganar la prueba de resistencia; perseverar en el camino hacia la verdad de la música, porque hay muchos caminos en la música y uno se puede ir por los más fáciles, y también, equivocarse.

¿Cuántas horas diarias dedicas al estudio del piano?

-Esa es una pregunta que nunca he podido responder, porque no es un problema de horas, es saber qué quieres lograr y si lo logras. Todos los días me siento al piano y me invento cosas; es una necesidad del cuerpo y del espíritu. Si no toco el piano es como si no hubiera hecho nada válido en el día, espiritualmente, claro.

¿ No te sientes afortunado con lo que has vivido en tan poquito tiempo?

-La fortuna la hace uno mismo. En un sentido práctico de la palabra, puedes ser el más talentoso del mundo, que si no ayudas al talento, no eres nada. El ser humano está hecho para tener talento, algunos lo tienen para escribir, cantar, pintar, enamorar, pensar; otros hasta para hacer cosas definitivas para la humanidad. La naturaleza hizo al hombre para tener talento; el problema es descubrirlo y aprovecharlo al máximo .

¿Cómo surge la idea de grabar el disco?

-Me gusta hablar del disco. De repente, apareció en mi vida la oportunidad de grabar mi propia música. Acababa de ganar el concurso " Teresa Carreño", y se nos ocurrió presentar un proyecto a Eduardo Ramos para los estudios Abdala, entonces un sello nuevo. Lo aprobaron y empezamos a preparar los temas enseguida. Carlos Rodolfo Valdés Naranjo (percusionista) y yo habíamos hecho algunas cosas juntos desde los tiempos de la escuela y estábamos locos por grabar un disco... eso ayuda a la promoción. Le metimos con muchas ganas. Así, rescatamos temas viejísimos, de cuando tenía como once años hasta los más recientes. Nosotros nos compenetramos bien. Hubo una pieza del disco -Sombanchero- improvisada de arriba abajo en la grabación. 

El disco es como un libro de cuentos...¿Por qué En el ocaso de la Hormiga y el Elefante?

-Porque es en el ocaso donde se llega al clímax de cada historia. El tema que le da título al disco es el más reciente. Una hormiguita no muy amistosa, pero hormiguita al fin -revoltosa, como todas; corriendo de aquí para allá-, conoce a un elefante lo más pedante y haragán del mundo, y se hacen amigos. Se cuentan sus vidas, alegrías, dudas hasta que se enamoran.

 Es una onda surrealista pero simpática. Al final, ya al atardecer durante unos instantes de amor y romance, la hormiga se da cuenta que no es posible de ninguna manera. El elefante llora y la hormiga se va. Así son todas la historias del disco -o mejor, del libro de cuentos-, cada una es llevada por personajes que cuentan cuentos. Por eso, los títulos son sugerentes y hasta divertidos. El ocaso es como la conclusión de todos los temas; de repente hay lírica, pasión tenue, nada más parecido a un ocaso. Aunque, aparentemente, ningún tema tiene nada que ver con el otro, están hechos por mí y por los personajes ,en las distintas facetas de mi vida.
Todos me gustan, aunque, por supuesto, tengo mi preferido, pero no lo voy a decir para que cada cual escoja el suyo.

¿Satisfacciones?

-Hay momentos en los que me siento satisfecho y conforme porque sé que las cosas que he vivido no se me van a repetir más nunca; no estoy hablando técnicamente sino espiritualmente... Las gratitudes de este disco van desde el momento en que lo grabé, la edad, el lugar... Alguna gente ha grabado sus discos en el extranjero; tuve la suerte de hacerlo acá; eso me hace sentir que estoy en mi casa, con mi gente, con mis cosas... Eso está en la piel de cada uno de los temas y los personajes del disco. Están ahí, el mar, la ciudad, la casa, la familia, mi hermano -que también es músico-, mis amigos, mi música favorita, los mejores momentos de mi niñez y estos intensos 20 años vividos.

¿Cuáles son las gratitudes del compositor y cuáles las del intérpete?

-Componer es una cosa que sale espontáneamente, compongo mientras improviso. De pronto invento una melodía que me gusta porque resulta interesante y a partir de ahí continúo elaborando el tema. Luego me dedico a la composición como estructura más completa. Lo hago como si fuera una gráfica, un cuadro, un rectángulo u otra figura, en dependencia de cómo quiero que salga la obra; así le voy dando forma a la música que me va saliendo. Son ideas, formas, olores, colores, momentos, sentimientos... Sale intuitivamente, pero después hay que elaborarlo dramatúrgicamente para que el público pueda entender lo que quieres contar. Para un artista, ideas son las que sobran; el problema es escoger lo que sirve y desechar lo que sobra.
Interpretar es otra cosa; sobre todo cuando está compuesta por otra persona. Cuando interpreto a Bach, Rasmaninov, por los que siento gran respeto y admiración, porque fueron ellos los que inventaron la música, incluso la que hacemos hoy, porque cualquier músico contemporáneo está influenciado por los maestros de siglos atrás. Si se interpreta a Bach en un concierto hay que imaginarse la corte con peluca y todo, imaginarse a la gente del siglo aquel y comportarse como los músicos de entonces. De lo contrario, se puede pensar "esto lleva peluca, pero lo voy a hacer a lo rapado". Yo prefiero hacerlo más cercano a lo que quiso el compositor, aunque nunca va a ser como lo tocó Bach. La música clásica significa respetar las reglas y los momentos que ellos sintieron y escribieron en su época; me gusta hacerlo similar, pero con mi propio espíritu, quizás igual, quizás distinto. Hay muchas maneras de tocar; la mejor es cuando te sientes bien contigo mismo y con las personas. Es un problema de color.

¿ Y cuáles son los colores del disco?

-El disco tiene muchos colores; cada tema lleva tonos de azules, verdes, rojos, amarillos... Escogería el blanco porque los incluye a todos; pero, es el azul el que más me recuerda al disco.

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