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SANTIAGO AL COMPÁS DEL TAMBOR Y LA CORNETA CHINA 

Situada en la zona suroriental de Cuba, a unos 900 kilómetros al este de La Habana, Santiago logró hace años que nacionales y extranjeros dirigieran sus ojos hacia ese punto de la geografía cubana, no sólo por su proverbial hospitalidad, sino porque en julio, en cada esquina o barrio, usted puede hacer su Carnaval.

Miguel A. Gaínza Chacón | Santiago de Cuba

Santiago de Cuba, la ciudad más caribeña entre todas las cubanas, tiene rasgos singulares muy diversos. Uno de estos es que a finales del mes de julio, la localidad parece que se convierte en una inmensa pista de baile; hombres y mujeres dan riendas sueltas a su alegría; el Carnaval es, entonces, el centro neurálgico de la vida de la urbe.

Situada en la zona suroriental de Cuba, a unos 900 kilómetros al este de La Habana, Santiago logró hace años que nacionales y extranjeros dirigieran sus ojos hacia ese punto de la geografía cubana, no sólo por su proverbial hospitalidad, sino porque en julio, en cada esquina o barrio, usted puede hacer su Carnaval.

Esta del 2001 fue una fiesta esplendorosa: por las carrozas llenas de colorido, luz y baile; por las comparsas y paseos en los que más de 7 000 "salidores" (bailarines populares de barrio) reafirmaron que las raíces del folclor cubano, están más vivas que nunca; y porque es único el espectáculo de una ciudad casi completa dedicada al carnaval.

Durante ocho días -entre el 21 y el 28 de julio- los santiagueros transformaron la cotidianeidad de esta urbe laboriosa en extremo para sumarle un toque especial de folclor, música, ron y cerveza.

De la manera de cada cual, pero el Rumbón -como suelen llamarle también los santiagueros a su fiesta del Santo Patrón Santiago Apóstol (25 de julio)- parece interiorizar a cada ciudadano y más: contagiar a visitantes temporales de la ciudad.

Cada barrio con sus vecinos muestra un rostro diferente: se adornan las fachadas de las viviendas, se embellecen las cuadras de esquina a esquina; vías tan famosas como la Trocha y el Paseo Martí, pugnan por monopolizar la mejor área del Carnaval.

La industria cervecera local tuvo que redoblar turnos de labor en sus líneas llenadoras para asimilar una demanda más creciente cada día.

Así, al término de la festividad, santiagueros y visitantes habían consumido no menos de 280 000 cajas de la espumosa, amarga y deleitante Hatuey, la del indio musculoso en la etiqueta: la Gran Cerveza de Cuba.

Comparsas centenarias como Carabalí Olugo, Carabalí Izuama o La Tahona, mostraron, con el ritmo y los trajes de sus integrantes, que las raíces culturales nunca mueren, y para reafirmarlo, están las versiones infantiles de esas agrupaciones tradicionales: niños desde cuatro o cinco años de edad, hasta los 12 ó los 13, presentan sus habilidades folclóricas.

Quioscos para la venta de bebidas y comestibles ocupan su lugar en las calles de Santiago de Cuba; son construcciones elementales, hechas de madera rolliza en las paredes y pencas de guano como cubierta, pero que sobresalen por el ingenio popular a la hora de decorarlas mejor y "vestirlas" con adornos y con nombres sugerentes: Avícola, donde el pollo frito es lo primero; la Casa de Rolando, especialista en refrescos; La Pesca, con mariscos y todo lo salido del mar; la Calle de los Recuerdos, para los nostálgicos; la Calle de la Charanga, el sitio de las agrupaciones musicales con ese formato...

Así transcurrieron ocho días del Rumbón Santiaguero. Así fue este Carnaval del año 2001; nada es extraordinario en estas jornadas de música y alegría, ni el hecho de que un sonero tan famoso como Cándido Fabré y su Banda, se suba a las 12 de la noche en un escenario levantado en medio de la calle y a las 8:00 de la mañana todavía esté sonando de lo lindo con miles y miles de seguidores moviendo los pies.

Así es el santiaguero, en su Rumbón tan famoso en el mundo, no por la suntuosidad de los adornos de las avenidas o la riqueza de los trajes, sino porque Santiago de Cuba, la portuaria, la más caribeña, la hospitalaria, es la única ciudad donde todo parece moverse al compás de su Carnaval


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