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¿CÓMO Y POR QUÉ SURGIÓ EL GESI?

El trabajo del GES dejó un saldo favorable no sólo para el cine cubano y para el desarrollo del Movimiento de la Nueva Trova. También influyó en casi todos los grupos constituidos más tarde, tanto en torno a la nueva trova como al rock y el jazz afrolatino.


Leonardo Acosta | La Habana

El Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC es hoy casi un mito o una leyenda, por los escasos discos que se grabaron y que, por cierto, representan si acaso un veinticinco por ciento (o aún menos) de la verdadera proyección del grupo, y apenas alguna que otra de las muchas líneas creativas en que se volcó. Además en esos discos, no está lo más experimental del grupo, que debemos buscarlo en la música para cine, es decir, en numerosos filmes realizados por el ICAIC con música hecha por el Grupo de Experimentación Sonora (GES). 

¿Cómo y por qué surgió el Grupo de Experimentación Sonora? La idea matriz fue de la dirección del ICAIC, partiendo de la experiencia de Brasil, donde se desarrollaba un importante movimiento musical renovador que incluía a figuras como Chico Buarque, Gilberto Gil, Elis Regina, Badem Powell, Edu Lobo, Caetano Veloso, George Bem, y que contaría pronto con Milton Nascimento, María Bethania y tantos otros. Nuestro grupo se plantearía una renovación similar de la música cubana partiendo de nuestras propias raíces y aprovechando todo aquello que pudiera enriquecerla, nueva canción (o nueva trova), jazz, rock, samba, nuevas técnicas electrónicas y de grabación o músicas como la barroca o hasta la hindú, buscando asimismo los más altos niveles de realización artística, técnica y tecnológica.

Al frente del GES se situó a una figura idónea para tales fines: Leo Brouwer. En aquellos días en que aún no había adquirido fama mundial, Leo no sólo se destacaba como guitarrista y compositor sinfónico, sino también tenía una positiva experiencia en la música popular, adquirida en sus años de trabajo en el Teatro Musical de La Habana, y en la composición de música para cine. Brouwer había demostrado ya un desenfado y habilidad para abordar cualquier tipo de música que es poco frecuente en los compositores sinfónicos o "de conservatorio".
Otra meta del GES era encauzar la nueva canción cubana, luego enmarcada en el Movimiento de la Nueva trova (desde 1972), dentro de parámetros y contextos musicales más amplios. Por ello fueron incluidos en el grupo varios de los primeros cultores de la nueva trova como Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Noel Nicola y Eduardo Ramos. Todos tocaban guitarra, pero Eduardo se estableció como contrabajista del Grupo.Junto a ellos se incorporó Sergio Vitier como guitarrista, a quien Leo le encomendó la misión de "reclutar" a los demás instrumentistas. El primer "recluta" fui yo, encargado de tocar distintos instrumentos de viento (saxofón, fliscorno, flautas recorder), y a sugerencia mía integraron el grupo el pianista Emiliano Salvador y el baterista Leoginaldo Pimentel, apenas egresados de la Escuela Nacional de Arte. Vitier llevó a su vez al flautista Genaro Caturla. También se incorporó en un principio el clarinetista Lucas de la Guardia, quien componía música para dibujos animados del ICAIC (su mayor éxito es Elpidio Valdés).Más tarde integraron el grupo -ya en otra etapa- la cantante y autora Sara González y Pablo Menéndez, actual director del grupo Mezcla. Muchos otros músicos formaron parte del grupo o colaboraron en distintas grabaciones, algunas puramente experimentales y otras para documentales o largometrajes del ICAIC.

Fundado en 1969, el primer año del GES se dedicó fundamentalmente al estudio y a la grabación de música para noticieros y documentales. Se elaboró un sistema de estudios (teóricos y prácticos) totalmente revolucionario, que se combinan con ensayos y audiciones de casi toda la música posible: de Beethoven a John Coltrane, de Gilberto Gil a Ravi Shankar, de Anton von Webern a Xenakis, de Frank Zappa a Blood, Sweat and Tears, de Sindo Garay a Juan Blanco y, por supuesto de Bach a los Beatles. Por otra parte los profesores fueron Juan Elósegui (primer viola de la sinfónica), Federico Smith y Leo Brouwer. Elósegui contribuyó con su original método de solfeo, que impartió a los compañeros que hasta entonces tocaron sólo de oído, como era el caso de los trovadores (salvo Eduardo Ramos). El compositor Federico Smith, quien había trabajado junto a Leo Brouwer en el Teatro Musical, impartió geniales clases de armonía, instrumentación y orquestación. Leo también impartió en un principio estas disciplinas, concentrándose luego en otras como contrapunto, fuga, formas musicales y composición. El resultado fue que en un tiempo increíblemente breve casi todos éramos capaces de escribir una partitura para cine o la orquestación de una canción, ya fuera propia o de otro integrante del grupo. Además, se hicieron estudios de acústica, electroacústica y técnicas de grabación, que estuvieron a cargo de los propios ingenieros de sonido del ICAIC, sobre todo Jerónimo Labrada. Poco a poco los cineastas comenzaron a acercarse al grupo. Los primeros fueron los documentalistas, los consagrados que hacían ya largometrajes tardaron más en convencerse. El primero que vio claro fue Santiago Alvarez, quien utilizó nuestra música en sus nada cortos documentales. Luego contaron con nosotros Sara Gómez, Sergio Giral, Manolito Herrera, más tarde Manolito Pérez, Octavio Cortázar y otros.

Poco a poco se iban dando cuenta de que el GES tenía la virtud de poder transformarse en grupo de jazz, de rock, de música cubana bailable, ampliarse para conseguir un formato de jazzband o de orquesta sinfónica y, claro, estaban las canciones que componían los trovadores y que a menudo fueron concebidas para diversas películas. Aquí el pionero fue Manuel Octavio Gómez en La primera carga al machete, con canciones de Pablo Milanés.

Con todo, durante los primeros años el GES vivió una extraña situación de aislamiento, ya que por razones de insensibilidad burocrática y prejuicios idiotas, algunos organismos se negaban a difundir nuestra música, y entre estos se encontraban órganos de difusión tan vitales como la televisión, la radio y el disco. El grupo sólo podía oírse a sí mismo en la banda sonora de las películas cubanas, en la cabina del estudio del ICAIC en la calle Prado o en sus esporádicas actuaciones en vivo en el actual Chaplin (entonces Cinemateca) o en el cine 23 y 12. La mayoría de estas presentaciones fueron ante un público compuesto por los propios trabajadores del ICAIC, pero cuando se hacían realmente públicas el teatro se abarrotaba y cientos de personas se quedaban fuera. Cómo sabían de la existencia del Grupo es un misterio que sólo Sherlock Holmes o Guillermo de Baskerville podrán desentrañar por ahora. El "bloqueo" al GES comenzó a romperse por la EGREM, que con el "empujoncito" de la Casa de las Américas, presidida por Haydée Santamaría, editó varios LD que hoy son rarezas de coleccionistas.

El grupo había surgido en un momento nada fácil, sobre todo dado lo ambicioso de sus metas, y fue particularmente afectado por las dificultades, entonces casi insuperables, para adquirir en el exterior los instrumentos y equipos sofisticados que necesitábamos. Comenzaron entonces a surgir las diferencias de orden estético entre algunos integrantes; por ejemplo, entre los trovadores y los instrumentistas, o entre los partidarios del rock y los del jazz; por otra parte, la creciente insistencia de Sergio Vitier y mía de que se incluyera en el el grupo el más variado instrumental de percusión cubana, a lo cual, inexplicablemente, se oponía Leo Brouwer, fascinado entonces por la tabla y la Tambora hindúes. Pero el final de esta primera etapa fue provocado por la imposibilidad de que Leo Brouwer continuara al frente del GES, debido a su creciente fama internacional y sus muchos compromisos en el exterior.

Tras un impasse de casi dos años, el Grupo se reestructuró bajo la dirección de Eduardo Ramos. Nos habíamos ido yo, Caturla, Averhoff, Leoginaldo, Silvio, Noel y Pablo, que trabajó un tiempo en Extensión Universitaria y Sergio Vitier que se mantenía solamente componiendo música para cine (sobre todo películas de Octavio Cortázar, como El brigadista y de Manuel Octavio Gómez). Quedaban Eduardo, quien convenció a Pablo para que regresara, así como Sara González, el pianista Emiliano Salvador, el saxofonista Manuel Varela, el guitarrista Pablo Menéndez, el baterista Ignacio Berroa y los percusionistas Norberto Carrillo y Danielito. Esta nueva edición del grupo, que trabajó hasta 1976 con enorme éxito de público en el Amadeo Roldán y otras salas, e indiscutibles logros musicales, incluyó en su repertorio números de Silvio, Noel y Vitier, de Pablo, Sara y Eduardo, y los arreglos los hacían Emiliano, Eduardo y Pablo Menéndez. Sus actuaciones fueron sensacionales, con una mezcla de nueva trova, distintos ritmos cubanos, jazz-rock, samba y electrónica. Al disolverse finalmente, algunos de sus integrantes pasaron al grupo que formó entonces Pablo Milanés.

El trabajo del GES dejó un saldo favorable no sólo para el cine cubano y para el desarrollo del Movimiento de la Nueva Trova, creado en 1972 con el apoyo de la UJC. También influyó en casi todos los grupos constituidos más tarde, tanto en torno a la nueva trova como al rock y el jazz afrolatino, aunque algunos no lo reconozcan, o no lo sepan. Ante todo fue un estímulo para la experimentación, que ha caracterizado luego a muchos grupos como Irakere, Algo Nuevo, Opus 13, Proyecto, Afrocuba, etcétera. Los ex integrantes del GES han triunfado luego individualmente, cada uno en su terreno preferido. Cabe preguntarse: ¿qué hubiera hecho el Grupo de haber contado con modernos equipos electrónicos que hoy tienen sus sucesores y sin los escollos y prejuicios que tuvo que enfrentar?
Sin dudas, nos hubiéramos ahorrado varios años en el empeño de situar nuestra música en los niveles que ha alcanzado actualmente.

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