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CUANDO UN MUSEO DEJA DE COMPRAR PIERDE LA VIDA

"Creo que contar con artistas emigrados en una colección tan prestigiosa como la de Bellas Artes es bueno para ellos, para nosotros y para la cultura cubana. Eso no demerita, ni molesta a nadie. Es un triunfo de la cultura y el arte cubano contemporáneo y de la plástica en general." Entrevista con Corina Matamoros Curadora de Arte Cubano Museo Nacional de Bellas Artes, Licenciada en Historia del Arte y de Museología en la Escuela del Louvre.

Nirma Acosta | La Habana 

-Lo nuevo generalmente genera resistencia ¿En qué momento el Museo Nacional de Bellas Artes decide incluir en sus fondos las poéticas de los 80 y 90 para lograr tener hoy una colección tan importante?
-La colección de los años 80-90 se empezó a reunir a mediados de los 80, de lo contrario no tuviéramos hoy tan cuantiosos fondos. Es muy importante porque se ha conseguido con mucho trabajo y ha sido sensible a los artistas más importantes que han trabajado durante los últimos 20 años en Cuba. Se ha trabajado con una metodología muy seria y con una gran vocación por parte de los curadores de arte cubano del Museo Nacional, de reflejar la renovación tan grande que se produjo a partir de 1978-1979. La colección fue creciendo poco a poco, sostenidamente, incorporando las obras de los mejores artistas de esas décadas. Investigamos y detectamos las obras, estamos al habla con los pintores y proponemos la política de compra. 

-Usted ha dicho "se ha conseguido con mucho trabajo" ¿qué quiere decir? ¿Contó siempre con el apoyo institucional?
-Bellas Artes nace en 1913, desde los inicios contó con una colección muy polivalente, tenía tesauros de muy diversos tipos: arqueológicos, históricos, numismáticos, de muebles y pinturas. En los 60, se perfila como Museo Nacional, pero tiene colecciones disímiles que abarca las grandes escuelas europeas, una extensa cantidad de objetos valiosos de arte contiguo y la colección de arte cubano más grande que se conserva en el mundo. De manera que el presupuesto para la compra de las obras de arte es sensible a todo ese amplio espectro. Los presupuestos nuestros no son cuantiosos; obviamente sabemos que Cuba es un país pobre y no podemos invertir cuanto y como anhelaríamos, pero indudablemente el país hace sus esfuerzos. Con la renovación tan grande que hay de arte cubano desde principios de los 80 y que se mantiene en un continuo artístico hasta la actualidad, ese dinero cada vez nos parece más pequeño aunque ha crecido. Para tratar de seguir las pautas más importantes de ese arte hemos pasado trabajo desde el punto de vista financiero porque también hay que comprar Víctor Manuel, Lam, Mariano, Diago... Hay que continuar completando las colecciones de arte cubano moderno, colonial, etc... y a la vez, se necesita fomentar una nueva colección. Eso lleva también un trabajo amplio de investigación, hay que estar al pie de las exposiciones, los artistas, las últimas graduaciones del Instituto Superior de Arte, la Escuela de San Alejandro, la Escuela Nacional de Arte. Hay que desplegar un amplio trabajo investigativo y técnico también grande, no solo financiero.
Por otra parte, también han tenido lugar en estos 20 años los conservadurismos naturales de cualquier museo, no somos perfectos. Esta es una institución que por tener un perfil de Bellas Artes ha sido muy rigurosa y selectiva, y a veces nos hemos cerrados a valorar el arte contemporáneo con más sensibilidad. Este arte se deteriora más rápidamente, es efímero. El Museo está en el derecho de preguntarse ¿voy a gastar dinero en un arte que va ha desaparecer quizás dentro de muy poco? ¿qué garantías tiene? Son preguntas de carácter conservacionista, pero válidas. Ninguna institución de este tipo está exenta de estas contradicciones y encrucijadas lógicas. 

-Hay quien nos ha acusado de haber vendido obras de los fondos del museo durante los años de cierre. ¿Qué diría sobre el particular?
No es cierto. Fue todo lo contrario, desde el primer momento, defendimos la idea de no parar el coleccionismo, a pesar de que el museo estaba cerrado. Cuando un museo deja de comprar pierde la vida. Incluso, se hicieron exposiciones en Cuba y el extranjero, aunque las cubanas no se movieron tanto como las europeas. Cuando uno descontinúa el coleccionismo, es irrecuperable, sobre todo, en el caso de las colecciones estatales. Se corre el riesgo de que cuando pase el tiempo, los fondos se deterioren, salgan del país y sean vendidos; entonces, sí que es imposible recuperar determinados períodos importantes. Por eso para nosotros fue vital luchar por la continuidad del coleccionismo, seguir comprando e ir guardando hasta el momento apropiado que es este, cuando por primera vez se exponen de manera permanente el arte de los 80 y los 90. El museo llegaba hasta los 70, por eso es tan importante esta sala, por eso estamos tan contentos.
Durante estos años, lejos de vender, hemos comprado muchas obras. Desde 1991 teníamos guardada "El golpe del tiempo" de José Bedia, imprescindible en este período, premio de la Bienal de La Habana. Se adquirió "Proceso poscolombinos", también de él. De Elso, dos esculturas importantes: "Los contrarios" y "La mano creadora". Esta última se compró en el 88 y nunca se había exhibido en Cuba, permaneció en México con la pintora Magaly Lara y este año pudo regresar a La Habana. Por primera vez se va exponer al público. Son piezas esenciales del arte cubano contemporáneo. Y solo estamos exhibiendo el uno por ciento de los fondos. El resto, seguramente, pasará por las salas transitorias.
Creo que la verdadera solución del arte contemporáneo se hallará cuando se haga el museo de este período de lo cual ya se ha hablado en otro momento y esta sala ya es un buen comienzo.

-¿Se pensó en algún momento excluir del discurso museológico a determinada tendencia o generación? ¿Hubo algún intercambio con los artistas cubanos que residen en el exterior sobre la exhibición de sus obras en el Museo?
-Si alguien lo pensó, no sé, pero no lo creo. Pensar eso es insólito, inconcebible, inaceptable. Son los curadores los que hacen los proyectos. Los museos no le piden ni le consultan a los artistas para hacer su despliegue museológico, no creo que sea una práctica de nadie. Los museos son instituciones independientes, dueños de las obras compradas. Todas forman parte del patrimonio nacional y no hay que consultarle a nadie si se exponen o no.

-¿Han tenido relaciones con algunos artistas fuera de Cuba? ¿Se han interesado ellos en exponer en nuestras salas?
-Particularmente, me he acercado a algunos para completar determinada investigación, consultarle sobre el despliegue de una instalación, o solicitarle alguna valoración de la obra para el catálogo general del museo. Solo eso. La propuesta de exhibición es privativa del museo, de sus conservadores y curadores, de sus mecanismos investigativos y tradición museológica, de la voluntad institucional acorde al coleccionismo.
Nosotros estamos dictaminados por la colección, que es quién impone retos y giros. No se puede hacer un panorama de arte contemporáneo sin tener en cuenta la colección que uno va armando durante años. Eso no cambia de un día para otro, porque estén en Cuba o en el exterior. 
Todos ellos, los que están allá, expusieron sus obras, no se puede pensar en excluirlos. Es normal que algunos quieran aquí y digan, yo quiero exponer aquí, algunos lo han hecho. Uno de las artistas que se ha comunicado con nosotros es Moisés Finalé quien tuvo la gentileza de donarnos una pieza, tenemos una colección de él bastante buena hemos ido fomentando y ahora estamos al habla para esa donación.
En la sala de los 80-90 se van a exponer obras de Elso, Bedia, Humberto Castro, Tonel, Fors, Flavio Garciandía, Lázaro Saavedra, Gustavo Acosta, Kcho, Belkys Ayón, Rubén Torres Llorca, Lecsy Novoa, Tomás Esson y Tomás Sánchez, por solo mencionar algunos.

-¿Que piensa usted que van a decir algunos de los artistas residentes en el exterior cuando sepan que sus obras están expuestas en este museo?
-Esa pregunta me la he hecho muchas veces, pero si son pintores inteligentes y cultos, deben sentirse contentos. Creo que estar integrados a una colección tan prestigiosa como la de Bellas Artes es bueno para ellos, para nosotros y para la cultura cubana. Eso no demerita, ni molesta a nadie. Es un triunfo de la cultura y el arte cubano contemporáneo y de la plástica en general. Es un arte tan bueno que merece estar en la colección, aunque alguno de ellos no este con nosotros y piensen diferentes. Habrá que ver que piensan ellos.
Como curadora tengo el mandato cultural de elegir lo mejor. Si su autor está en Cuba o no, no me importa, no soy sectaria. No creo que la cultura cubana esté ceñida a un lugar, siempre que se haga cosas buenas en bien de la cultura, de la tradición, será arte cubano, solo eso. Nosotros no vamos a dividir, vamos a sumar a los artistas, y las obras buenas. Es un deber curatorial, institucional, y cultural, por sobre todo.

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